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Al “Empecinado” se le concede la Cruz de San Fernando

Por Francisco José Alonso Rodríguez y José Ignacio Moratinos «El Empecinado», 30 de Junio de 2026.

El 30 de junio de 1816 se le concede la Cruz de San Fernando de Tercera Clase. Un Campesino de Castilla y León. El 30 de junio de 1816 es una fecha clave en la hoja de servicios de Juan Martín Díez, «El Empecinado». Ese día se le concedió oficialmente la Cruz de San Fernando de Tercera Clase (equivalente a la Cruz Laureada en la normativa de la época) en reconocimiento a su extraordinario valor, su audacia y su liderazgo indiscutible durante la Guerra de la Independencia Española (1808-1814).
La figura de El Empecinado es el vivo reflejo de cómo un campesino de Castrillo de Duero (Valladolid), arraigado a la tierra de Castilla y León, se convirtió en un héroe nacional de dimensiones legendarias.
El apodo de «Empecinado» arrastra la fuerza de su geografía: se llamaba así a los naturales de Castrillo de Duero debido a las pecinas, el lodo negro de aguas estancadas que abundaba en el arroyo del municipio.
Cuando las tropas napoleónicas invadieron la península, Juan Martín Díez no dudó en abandonar las labores del campo para organizar la resistencia. Su conocimiento profundo de la orografía castellana, su tremenda intuición táctica y un valor temerario lo convirtieron en el pionero y máximo exponente de la guerra de guerrillas. Lo que empezó como una pequeña partida de hombres terminó siendo el «Enjambre», una fuerza militar organizada que llegó a contar con miles de combatientes, capaz de fijar y desgastar al ejército franceses.
La Real y Militar Orden de San Fernando, instituida por las Cortes de Cádiz en 1811, era y sigue siendo el listón más alto al honor militar en España. No premiaba la antigüedad ni el linaje noble, sino el valor heroico y distinguido.

Para un hombre de extracción humilde como El Empecinado, la concesión de la Cruz de Tercera Clase en 1816 fue la ratificación oficial de que su genio militar y su patriotismo estaban a la altura de los mayores estrategas del reino. Se le otorgó por méritos propios acumulados en batallas y escaramuzas memorables por toda la meseta, donde demostró que un pueblo decidido y enraizado en sus principios era capaz de doblegar al ejército más poderoso del mundo.
«No hay nobleza más legítima que la que se gana con el propio esfuerzo y se sella con el sacrificio por la libertad de la Patria.»

Su lealdad lealtad a la causa de la libertad y a la Constitución de 1812 marcaría también su trágico y noble destino posterior, consolidándolo no solo como un genio militar, sino como un símbolo eterno de la dignidad popular de Castilla y del conjunto de España.
La respuesta de Juan Martín Díez ante el intento de soborno de Fernando VII define perfectamente su integridad. La frase exacta con la que cortó en seco al emisario del rey —el general Churruca— resuena con la fuerza de un hombre que no tenía precio:
«Diga usted al rey que, si no quería la Constitución, que no la hubiera jurado; que el Empecinado la juró y jamás faltará a sus juramentos.»
Fernando VII pretendía comprar el inmenso prestigio popular del guerrillero castellano a cambio de títulos nobiliarios (el Marquesado de Burgos) y una auténtica fortuna (un millón de reales). Para un antiguo campesino, aquello significaba la riqueza absoluta y el ascenso a la cúspide social. Sin embargo, «El Empecinado» demostró que su lealtad no era hacia la corona, sino hacia la palabra dada y la libertad de su pueblo plasmada en la Constitución de 1812 («La Pepa»).


Ese rechazo firmó su sentencia de muerte. Su final, el 19 de agosto de 1825 en Roa (Burgos), fue de una crueldad terrible: fue ejecutado en la horca —un castigo considerado infame para un militar de su rango, a quien correspondía el fusilamiento— tras haber sido exhibido en una jaula de hierro durante los días de mercado para burla del público.
Incluso en sus últimos minutos mostró su carácter indomable; al llegar al patíbulo, rompió las esposas con su propia fuerza en un último intento desesperado por defender su dignidad, teniendo que ser reducido a bayonetazos por los verdugos. Fernando VII recuperó el trono absoluto, pero Juan Martín Díez pasó a la historia como el símbolo máximo de la dignidad y la resistencia del pueblo de Castilla y León.


Politólogo. – Sociólogo. – Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. – Centro de Estudios Ateneos. – Premio a las Libertades “Rafael del Riego”. _ Medalla Internacional DD.HH

Coordinador Liga Española Pro Derechos Humanos.- Secretario General Ateneo Cultural Villalar.- Presidente Nacional Círculo Cultural El Empecinado.- Medalla del Empecinado.

Juan Martín “El Empecinado”: Símbolo de la Independencia Española.

por Fco. José Alonso Rodríguez, 06 de Abril de 2026.

La historia de las naciones suele escribirse con los nombres de reyes, ministros y generales de alto linaje que, desde la seguridad de sus despachos, trazan mapas y firman tratados. Sin embargo, la verdadera libertad de un pueblo, esa que, si siente en las vísceras y se defiende con la vida, suele brotar de la tierra misma. En el caso de España, esa libertad tuvo un nombre propio que el tiempo y la desmemoria institucional han intentado, sin éxito, desdibujar: Juan Martín Díez “El Empecinado”.
hora que España realice un ejercicio de justicia histórico. No estamos ante un simple guerrillero o un aventurero de fortuna, sino ante el estratega que dinamitó los cimientos del ejército más poderoso del mundo en el siglo XIX y que, paradójicamente, recibió como pago el desprecio de la corona y el nudo de una soga.
“El Empecinado” nació en Castrillo de Duero en 1775, era un hombre de campo, un labrador que conocía los ciclos de la siembra y el rigor del clima castellano. Pero cuando las tropas de Napoleón cruzaron los Pirineos bajo la careta de aliados para convertirse en invasores, algo cambió en él. No fue una decisión política de salón lo que lo empujó a la lucha, sino un profundo sentido de la dignidad y el ultraje.
La violación de una muchacha de su pueblo por parte de un soldado francés fue el detonante. El Empecinado no esperó órdenes de una Junta Suprema que titubeaba en la distancia; tomó su cuchillo, su caballo y su conocimiento del terreno para iniciar una resistencia que cambiaría el curso de la Guerra de la Independencia. Su apodo, “Empecinado” término usado para los naturales de Castillo de Duero por los arroyos llenos de pecina de la zona, se convirtió pronto en sinónimo de una tenacidad que los mariscales franceses nunca pudieron doblegar.
El ingenio de “El Empecinado” residió en comprender que no se podría vencer a Napoleón en campo abierto siguiendo las reglas de la guerra convencional. Él perfeccionó, la guerra de guerrillas. Con un conocimiento absoluto de la geografía y las cuentas del Duero y el Tajo, convirtió cada desfiladero en una trampa y cada noche en una tortura para el invasor.
Desde la victoria en el puente de Auñón hasta la liberación de Guadalajara y su entrada triunfal en Madrid, “El Empecinado” demostró que un ejército de voluntarios, movidos por el patriotismo y liderados por un hombre con carisma y perspectiva, naturalizo a las divisiones de élite francesas. El mismo Napoleón admitió que lo que desangro su imperio, tenía a su cirujano más implacable en el “El Empecinado”.
Lo que diferencio al “El Empecinado” de otros insurgentes fue su capacidad de organización. No lideraba a bandas desordenadas; creo el Regimiento de Voluntarios de Madrid, una fuerza disciplinada que llegó a contar con miles de hombres y que operaba con una eficacia logística asombrosa para los recursos de la época.


La razón por la que hoy no preside cada plaza principal de las Ciudades y Pueblos de España “El Empecinado” con los honores que merece, reside en su integridad política. “El Empecinado” no lucho solo contra los franceses; luchó por la “Constitución de 1812”. Era un liberal convencido que creía que la sangre derramada por el pueblo debía comprar una España de ciudadanos, no de súbditos.
Al regreso de Fernando VII, que resultó ser una de las figuras más nefastas de nuestra historia. “El Empecinado” se mantuvo fiel a sus principios. Mientras otros se arrodillaban ante el absolutismo recuperado, él recordó al rey que el trono se había recuperado gracias al sacrificio de la gente humilde que quería leyes y libertad. Recordemos la frase que le dedica a Fernando VII cuando le ofreció un Título de Nobleza y 1.000.000 de reales, para que se pasara a su lado. Contestando a la oferta de Fernando VII “Si no querías respetar la Constitución no haberla jurado”.
Su lealtad a la Constitución fue su sentencia de muerte. Tras el fracaso del Trienio Liberal y la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis, fue perseguido, capturado y sometido a vejaciones públicas que avergonzarían a cualquier Nación con memoria. En Roa, el hombre que había hecho temblar a los generales de Napoleón fue exhibido en una jaula de hierro, escupido e insultado por aquellos mismos a quienes había liberado, espoleados por un clero y una monarquía de vengativos. Su ejecución en 1825 no fue un acto de justicia, sino un asesinato de Estado contra el símbolo de la libertad española.
España no ha elevado al “El Empecinado” al panteón de los héroes. La respuesta duele; porque su figura recuerda nuestras contradicciones. “El Empecinado” representa la España valiente y constitucional que fue aplastada por el servilismo y las prebendas.
Al “Empecinado” se le debe un reconocimiento nacional que vaya más allá de una estatua aislada o un nombre de calle en un barrio periférico. “El Empecinado” sin títulos nobiliarios ni formación académica militar, comprendió antes que nadie que la patria no es un rey, sino la voluntad de sus gentes de no ser esclavos de nadie, ni de un emperador extranjero ni de un tirano local.
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Juan Martín Díez “El Empecinado”, murió gritando libertad, intentando romper sus cadenas. Hoy su memoria es el silencio y el olvido. Un país que no honra a sus héroes más íntegros está condenado a repetir los errores de su pasado.
Es hora que los libros de texto, los actos oficiales y el imaginario colectivo devuelvan a Juan Martín Diez “El Empecinado” el lugar de honor que se ganó a sangre y fuero. No por nostalgia del pasado, sino para que las generaciones futuras sepan que, cuando todo parece perdido y el invasor pisa tierra, siempre habrá un «Empecinado” dispuesto a recordar que la dignidad de un pueblo es innegociable. “Justicia para Juan Martin; Honor para el Empecinado”.

El 23 de abril celebramos en Dia de la Comunidad de Castilla y León, en las eras de Villalar de los Comuneros, el primer Villalar lo celebramos el 25 de abril de 1976 (domingo), este año celebramos el 51 aniversario. (1976-2026)
Un grupo reducido acudimos a honrar y recordar la gesta de Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, hoy nos sentimos satisfechos que sirviera de semilla para que lleguemos al 51 aniversario.
Es de Justicia agradecer al primer Gobierno de la Comunidad Presidido por Demetrio Madrid, que aprobó que el 23 de abril fuera el día de la Comunicad. Pretendemos que este año sea a la memoria de nuestro Héroe Olvidado Juan Martín Díez “El Empecinado”, que siendo Gobernador Militar de Zamora, organizo una expedición en busca de los restos de Juan Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado.


Politólogo. -Sociólogo. – Premio a la Libertades «Rafael del Riego» -Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. – Centro de Estudios Ateneos. – Ateneo Cultural Villalar – Círculo Cultural Juan Martín El Empecinado Comunidad de Madrid.

50 Años Construyendo el Estado Saharaui

por Fco. José Alonso Rodríguez, 01 de Marzo de 2026.

El 27 de febrero de 2026 se cumple el 50º aniversario de la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) en Bir Lehlu una pequeña localidad en el noroeste del Sáhara Occidental, a 236 km de Esmara.
El pueblo saharaui lleva 50 años de una historia de lucha por la autodeterminación y la independencia, con la firme determinación del pueblo saharaui en su lucha por la autodeterminación y la independencia hasta la victoria final.
Se cumple el 50º aniversario del Estado saharaui y el pueblo del Sáhara Occidental sigue sin poder ejercer el derecho a la autodeterminación, reconocido por la Carta de Naciones Unidas y por numerosos pronunciamientos de instancias de derecho internacional, entre otros, el del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya. La celebración del referéndum de autodeterminación, viene siendo obstaculizado por la administración de ocupación del Reino de Marruecos.

Hace 50 años España entregó ilegalmente el Sáhara Occidental a Marruecos, el 14 de noviembre de 1975 se firma el Acuerdo de Madrid (denominación con la que se conoce a la declaración de principios entre España, Marruecos y Mauritania sobre el Sáhara Occidental) entre los representantes de España, Marruecos y Mauritania sobre el hasta entonces denominado Sáhara Español.
Por este acuerdo, España transfería la administración del Sáhara Occidental a una administración temporal tripartita compuesta por España, Marruecos y Mauritania, que fue efímera. La validez jurídica de este acuerdo ha sido cuestionada, careciendo de validez, toda vez que no fue publicado en el B.O.E.
La ONU no ha considerado ni a Marruecos, ni en su momento a Mauritania como potencias administradoras de este territorio que sigue figurando en la lista de la ONU como único territorio español pendiente de descolonización.
Con el Acuerdo de Madrid se cerraba la farsa. Atrás quedaba una visita relámpago del Rey Juan Carlos I con sus falsas palabras “Deseamos proteger también los legítimos derechos de la población civil saharaui, ya que nuestra misión en el mundo y nuestra historia nos lo exigen. España mantendrá sus compromisos”. Qué nunca ha cumplido!!. Con la salida del ejército español del territorio, dejando entrar a las tropas del Reino de Marruecos y a la Marcha Verde de los colonos impulsada por el monarca marroquí, en aquel momento Hassan II.Atrás quedaban, también, las falsas promesas de Felipe González antes de acceder a la Moncloa. El 14 noviembre 1976 Felipe González en los campamentos de Tinduf denuncia “una mala colonización y una peor descolonización y su apoyo al referéndum de autodeterminación “hasta la victoria final”. Cuando Felipe González se instaló en el poder, el Sáhara Occidental dejó de ser un tema central y pasó a ser un tema marginal para él. Ya como expresidente socialista pasó de ser un aliado de la causa saharaui a uno de los principales lobbistas del rey de Marruecos.La descolonización del Sáhara pasa necesariamente por un referéndum de autodeterminación. En la década de los 70 España acepta la Resolución 3162 de la ONU y comienza a preparar el censo. El 17 de septiembre de 1974, Marruecos recurre al Tribunal Internacional de Justicia de la Haya.

El 16 octubre de 1975, el Tribunal de Justica daba a conocer su dictamen y concluía que algunos vínculos entre pobladores saharauis y Marruecos no demostraban la soberanía marroquí o mauritana sobre el territorio saharaui y por consiguiente, no podían “afectar a la aplicación de la Resolución de la Asamblea General 1514 en la descolonización del Sáhara Occidental, y en particular al principio de autodeterminación mediante la libre y genuina expresión del deseo de los pueblos del territorio”.50 años después de la ocupación del territorio del Sáhara Occidental por el Ejército del Reino de Marruecos, la mayor parte continúa bajo la ocupación marroquí. A pesar de las numerosas resoluciones de Naciones Unidas que respaldan el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación, el referéndum prometido sigue sin realizarse.Esta situación prolongada está generando sufrimiento y desplazamientos para miles de saharauis, que anhelan regresar a su tierra y vivir en paz. España tiene una deuda histórica con el pueblo saharaui, exigimos al gobierno de España que se implique en la plena y definitiva descolonización del Sáhara Occidental en la que se le garantice al pueblo saharaui su derecho a la autodeterminación y a construir su propia Historia, para no tener que esperar otros 50 años para su solución y sobre todo no tengan que “crear ruido para su solución”.

«El IV Comunero» – Politólogo. – Sociólogo. – Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. – Federación Internacional Pro Derechos Humanos-España. – “Centro de Estudios Ateneos”.