por Fco. José Alonso Rodríguez, 06 de Abril de 2026.

La historia de las naciones suele escribirse con los nombres de reyes, ministros y generales de alto linaje que, desde la seguridad de sus despachos, trazan mapas y firman tratados. Sin embargo, la verdadera libertad de un pueblo, esa que, si siente en las vísceras y se defiende con la vida, suele brotar de la tierra misma. En el caso de España, esa libertad tuvo un nombre propio que el tiempo y la desmemoria institucional han intentado, sin éxito, desdibujar: Juan Martín Díez “El Empecinado”.
hora que España realice un ejercicio de justicia histórico. No estamos ante un simple guerrillero o un aventurero de fortuna, sino ante el estratega que dinamitó los cimientos del ejército más poderoso del mundo en el siglo XIX y que, paradójicamente, recibió como pago el desprecio de la corona y el nudo de una soga.
“El Empecinado” nació en Castrillo de Duero en 1775, era un hombre de campo, un labrador que conocía los ciclos de la siembra y el rigor del clima castellano. Pero cuando las tropas de Napoleón cruzaron los Pirineos bajo la careta de aliados para convertirse en invasores, algo cambió en él. No fue una decisión política de salón lo que lo empujó a la lucha, sino un profundo sentido de la dignidad y el ultraje.
La violación de una muchacha de su pueblo por parte de un soldado francés fue el detonante. El Empecinado no esperó órdenes de una Junta Suprema que titubeaba en la distancia; tomó su cuchillo, su caballo y su conocimiento del terreno para iniciar una resistencia que cambiaría el curso de la Guerra de la Independencia. Su apodo, “Empecinado” término usado para los naturales de Castillo de Duero por los arroyos llenos de pecina de la zona, se convirtió pronto en sinónimo de una tenacidad que los mariscales franceses nunca pudieron doblegar.
El ingenio de “El Empecinado” residió en comprender que no se podría vencer a Napoleón en campo abierto siguiendo las reglas de la guerra convencional. Él perfeccionó, la guerra de guerrillas. Con un conocimiento absoluto de la geografía y las cuentas del Duero y el Tajo, convirtió cada desfiladero en una trampa y cada noche en una tortura para el invasor.
Desde la victoria en el puente de Auñón hasta la liberación de Guadalajara y su entrada triunfal en Madrid, “El Empecinado” demostró que un ejército de voluntarios, movidos por el patriotismo y liderados por un hombre con carisma y perspectiva, naturalizo a las divisiones de élite francesas. El mismo Napoleón admitió que lo que desangro su imperio, tenía a su cirujano más implacable en el “El Empecinado”.
Lo que diferencio al “El Empecinado” de otros insurgentes fue su capacidad de organización. No lideraba a bandas desordenadas; creo el Regimiento de Voluntarios de Madrid, una fuerza disciplinada que llegó a contar con miles de hombres y que operaba con una eficacia logística asombrosa para los recursos de la época.

La razón por la que hoy no preside cada plaza principal de las Ciudades y Pueblos de España “El Empecinado” con los honores que merece, reside en su integridad política. “El Empecinado” no lucho solo contra los franceses; luchó por la “Constitución de 1812”. Era un liberal convencido que creía que la sangre derramada por el pueblo debía comprar una España de ciudadanos, no de súbditos.
Al regreso de Fernando VII, que resultó ser una de las figuras más nefastas de nuestra historia. “El Empecinado” se mantuvo fiel a sus principios. Mientras otros se arrodillaban ante el absolutismo recuperado, él recordó al rey que el trono se había recuperado gracias al sacrificio de la gente humilde que quería leyes y libertad. Recordemos la frase que le dedica a Fernando VII cuando le ofreció un Título de Nobleza y 1.000.000 de reales, para que se pasara a su lado. Contestando a la oferta de Fernando VII “Si no querías respetar la Constitución no haberla jurado”.
Su lealtad a la Constitución fue su sentencia de muerte. Tras el fracaso del Trienio Liberal y la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis, fue perseguido, capturado y sometido a vejaciones públicas que avergonzarían a cualquier Nación con memoria. En Roa, el hombre que había hecho temblar a los generales de Napoleón fue exhibido en una jaula de hierro, escupido e insultado por aquellos mismos a quienes había liberado, espoleados por un clero y una monarquía de vengativos. Su ejecución en 1825 no fue un acto de justicia, sino un asesinato de Estado contra el símbolo de la libertad española.
España no ha elevado al “El Empecinado” al panteón de los héroes. La respuesta duele; porque su figura recuerda nuestras contradicciones. “El Empecinado” representa la España valiente y constitucional que fue aplastada por el servilismo y las prebendas.
Al “Empecinado” se le debe un reconocimiento nacional que vaya más allá de una estatua aislada o un nombre de calle en un barrio periférico. “El Empecinado” sin títulos nobiliarios ni formación académica militar, comprendió antes que nadie que la patria no es un rey, sino la voluntad de sus gentes de no ser esclavos de nadie, ni de un emperador extranjero ni de un tirano local.
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Juan Martín Díez “El Empecinado”, murió gritando libertad, intentando romper sus cadenas. Hoy su memoria es el silencio y el olvido. Un país que no honra a sus héroes más íntegros está condenado a repetir los errores de su pasado.
Es hora que los libros de texto, los actos oficiales y el imaginario colectivo devuelvan a Juan Martín Diez “El Empecinado” el lugar de honor que se ganó a sangre y fuero. No por nostalgia del pasado, sino para que las generaciones futuras sepan que, cuando todo parece perdido y el invasor pisa tierra, siempre habrá un «Empecinado” dispuesto a recordar que la dignidad de un pueblo es innegociable. “Justicia para Juan Martin; Honor para el Empecinado”.
El 23 de abril celebramos en Dia de la Comunidad de Castilla y León, en las eras de Villalar de los Comuneros, el primer Villalar lo celebramos el 25 de abril de 1976 (domingo), este año celebramos el 51 aniversario. (1976-2026)
Un grupo reducido acudimos a honrar y recordar la gesta de Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, hoy nos sentimos satisfechos que sirviera de semilla para que lleguemos al 51 aniversario.
Es de Justicia agradecer al primer Gobierno de la Comunidad Presidido por Demetrio Madrid, que aprobó que el 23 de abril fuera el día de la Comunicad. Pretendemos que este año sea a la memoria de nuestro Héroe Olvidado Juan Martín Díez “El Empecinado”, que siendo Gobernador Militar de Zamora, organizo una expedición en busca de los restos de Juan Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado.
Politólogo. -Sociólogo. – Premio a la Libertades «Rafael del Riego» -Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. – Centro de Estudios Ateneos. – Ateneo Cultural Villalar – Círculo Cultural Juan Martín El Empecinado Comunidad de Madrid.











