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1º de mayo, cada día más necesario

El Día de Zamora, por Fco.José Alonso Rodríguez, 30 de Abril de 2026.

La celebración del 1 de mayo hay una historia bastante más dura de lo que puede parecer. Durante mucho tiempo, trabajar significaba jornadas larguísimas, sin apenas descanso y con muy pocas normas que protegieran a los trabajadores, sin apenas descanso, y con una explotación del trabajo infantil. No podemos olvidar de dónde vienen los derechos que ahora damos por hechos.

Hoy, la normalización de esta fecha no debe ser sinónimo de complacencia. En un mundo donde la tecnología avanza a ritmos de vértigo, el trabajo, lejos de volverse más humano, parece estar recuperando viejas formas de precariedad bajo disfraces modernos.

El 1 de mayo celebramos el Día Internacional de los Trabajadores. Es una fecha pensada, desde el principio, para dar visibilidad a las reivindicaciones laborales. Las reivindicaciones eran bastante concretas y que eran la de limitar la jornada laboral. Puede sonar hoy como muy poco creíble, pero en el siglo XIX no lo era en absoluto. Había jornadas de trabajo de diez, doce o más horas al día, sin apenas regulación ni descansos y menos vacaciones remuneradas y la gran explotación de la infancia.

Atrás quedaron los días en que la amenaza era solo la fábrica insalubre. Hoy, la precariedad se viste de seda: se llama «economía colaborativa» o «trabajo por objetivos». Bajo el lema de «sé tu propio jefe», miles de trabajadores en todo el mundo carecen de protección social, seguros médicos o estabilidad mínima.

Esta fragmentación del empleo ha creado una nueva clase social: el precariado. Son personas que, a pesar de tener un empleo (o varios), viven en la cuerda floja, incapaces de proyectar un futuro a medio plazo. Reivindicar el 1 de mayo hoy significa denunciar que la flexibilidad no puede ser un eufemismo para el desamparo.

No es una exageración legalista. El Artículo 23 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos es tajante: toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección del mismo, a condiciones equitativas y satisfactorias, y a una remuneración que le asegure una existencia conforme a la dignidad humana.

Cuando un salario no alcanza para cubrir la cesta de la compra o cuando el estrés laboral devora la salud mental, se está violando un derecho fundamental. Un trabajo que despoja al individuo de su tiempo, su salud o su dignidad no es un progreso; es un retroceso civilizatorio.

 La dignidad no es un beneficio extra que la empresa otorga, es el cimiento sobre el cual debe construirse cualquier relación laboral.

Para que este 1 de mayo sea algo más que una efeméride, debemos poner sobre la mesa los temas que definirán las próximas décadas:

La Desconexión Digital: En la era del teletrabajo, la oficina nos persigue en el bolsillo. El derecho a no responder un correo a las diez de la noche es la nueva frontera de la salud laboral.

La Inteligencia Artificial: La automatización no debe ser una sentencia de exclusión, sino una oportunidad para reducir las jornadas y repartir la riqueza de manera más justa.

La Brecha de Género y Cuidados: Sigue siendo necesario reivindicar que los trabajos de cuidados, mayoritariamente feminizados y a menudo invisibles, son el motor que sostiene al resto de la economía.

El 1 de mayo es, en esencia, un recordatorio de que la economía debe estar al servicio de las personas, y no al revés. Movilizarse este día es un acto de respeto hacia quienes nos precedieron en la lucha y una obligación moral hacia las generaciones que heredarán este mercado laboral.

Reivindicar trabajos menos precarios no es un capricho ideológico; es la exigencia de un contrato social que se está resquebrajando. Mientras exista un trabajador cuya jornada no le permita vivir con dignidad, el 1 de mayo seguirá siendo, más que una fiesta, un grito de necesidad.

Politólogo. – Sociólogo. Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. – Centro de Estudios Ateneos. – Premio a las Libertades “Rafael del Riego”.

8 M la fuerza Transformadora de la Igualdad

El Día de Zamora, por Fco. José Alonso Rodríguez, 08 de Marzo de 2026.

Los derechos de las mujeres se han ido ganando lentamente, fruto de luchas sostenidas frente a una sociedad históricamente estructurada sobre una división rígida de roles: los femeninos, ligados al hogar y la maternidad; los masculinos, asociados a la provisión económica, la política, el ámbito laboral o religioso. Cuando las mujeres participaron en el mundo laboral, sus tareas fueron consideradas secundarias. Los médicos, por ejemplo, eran generalmente varones; las mujeres, enfermeras. En el ámbito religioso ocurre algo similar, aún hoy en día, los sacerdotes católicos son hombres, mientras que las mujeres que desempeñan labores eclesiales lo hacen como monjas o servidoras, en posiciones subordinadas.

El Feminismo es el movimiento social que, según la Real Academia Española, promueve la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, de acuerdo con la ONU, es la lucha por la equidad de género y sostiene que ningún ser humano puede ser privado de sus derechos en virtud de su sexo. Más allá de estas definiciones institucionales, el Feminismo representa una toma de conciencia frente a estructuras sociales profundamente androcéntricas que han favorecido la desigualdad.

Sus orígenes modernos se remontan a finales del siglo XVIII, con la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana en la Francia revolucionaria. Desde entonces, ha evolucionado en sus postulados filosóficos, políticos y económicos, ha mantenido el propósito constante de procurar la igualdad a todos los niveles: salarial, jurídico, laboral, promueve la autonomía personal y brinda protección frente al machismo derivado de sociedades estructuradas sobre la supremacía masculina.

El derecho al sufragio femenino fue una de sus banderas más significativas del Feminismo a nivel mundial. En España, liderado por Clara Campoamor, se ejerció por primera vez en las elecciones de 1933. Este derecho se perdería con la Guerra Civil y la posterior dictadura franquista, y no se recuperaría plenamente hasta 1977, durante la transición democrática. Desde entonces, son muchos los campos en los que la mujer ha irrumpido aportando capacidad, esfuerzo y talento, realizando una contribución decisiva al desarrollo social en todos los ámbitos.

La igualdad de derechos de las mujeres no es hoy una aspiración abstracta ni una consigna ideológica. Está respaldada por instrumentos jurídicos internacionales como la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), asumida por la ONU en 1979, obliga a los a Estados miembros a garantizar la igualdad sustantiva en la vida política, económica, social y familiar, superando estereotipos culturales y barreras estructurales. La existencia de estos marcos normativos demuestra que la igualdad no es una moda cultural, sino un compromiso democrático y jurídico asumido por la comunidad internacional.

Como defensor de los Derechos Humanos, no puedo entender el Feminismo como una reivindicación sectorial, o como una disputa cultural entre hombres y mujeres. Se trata de una cuestión de justicia democrática. Cuando una sociedad limita las oportunidades de la mitad de su población o relativiza la violencia que la afecta, no estamos ante un debate ideológico, sino ante una vulneración de derechos fundamentales.

Sin embargo, estamos lejos de alcanzar una igualdad real en lo laboral, lo salarial y en la protección frente a la violencia. La desigualdad continúa siendo notoria. Basta recordar lo ocurrido recientemente en la gala de los Premios Goya, donde Alauda Ruiz de Azúa se convirtió en apenas la cuarta mujer en recibir el premio a mejor dirección en cuatro décadas de historia del galardón. La directora lo expresó con claridad en su discurso: “El talento no conoce de géneros, las oportunidades

sí”. La frase resume una realidad persistente: el acceso a los espacios de reconocimiento y poder sigue marcado por brechas estructurales.

Al Feminismo se oponen diversas ideologías que niegan o minimizan la violencia machista y cuestionan las políticas de igualdad. Algunas de estas corrientes apelan a una nostálgica idealización del pasado y encuentran en las redes sociales un terreno fértil de difusión. Allí ha cobrado fuerza el fenómeno de las tradwives (abreviatura de traditional wives), influencers que promueven un modelo de feminidad inspirado en los años cincuenta: mujeres dedicadas exclusivamente al hogar, estéticamente impecables, rodeadas de hijos encantadores y alejadas del mundo laboral. Este imaginario doméstico, presentado como una elección libre y sofisticada, omite deliberadamente el contexto histórico de dependencia económica, limitación jurídica y subordinación estructural que caracterizó ese periodo.

Conviene recordar que esa representación no agota, ni ha agotado nunca, las múltiples formas de ser mujer en Occidente. La feminidad no es un molde único ni una escenografía doméstica cuidadosamente curada para las redes sociales. Es también la mujer profesional que dirige una empresa, la científica que investiga, la artista que crea, la académica que enseña, la madre que combina crianza y trabajo, la mujer que decide no ser madre, la que elige el ámbito público, la que opta por el privado o la que transita ambos. La historia reciente de las democracias occidentales muestra precisamente esa pluralidad: la ampliación de opciones vitales como signo de libertad, no la reducción a un único ideal estético o funcional.

El Feminismo no compite con la feminidad. La maternidad no está desligada del desarrollo personal ni de la participación activa en la vida pública. Miles de mujeres insertadas en el mundo laboral actual lo demuestran cada día. Lo que el Feminismo cuestiona no es la elección individual de un proyecto de vida, sino la imposición social de un único modelo válido.

A esas corrientes ideológicas debería quedarles claro que los derechos largamente luchados y difícilmente conquistados no pueden retroceder ante ideología extremistas o ideales románticos del pasado, enmarcadas en narrativas edulcoradas que desconocen la historia. Los derechos no son tendencias culturales reversibles: son garantías democráticas.

Defender los derechos de las mujeres no es una concesión ni un gesto de simpatía: es una obligación ética y jurídica en cualquier democracia que se pretenda coherente

Politólogo.-Sociólogo. «El IV Comunero»- Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos.- Centro de Estudios Ateneos

8 de Marzo Día Internacional de la Mujer

El Día de Zamora, por Fco. José Alonso Rodríguez, 6 de Marzo de 2025

Desde la Liga Española Pro Derechos Humanos exhortamos a todas las mujeres, amas de casa, trabajadoras, profesionales, campesinas, obreras, estudiantes, indígenas, afro descendientes, solteras y casadas, a conmemorar el histórico día de la mujer, sin imposiciones ideológicas ni dogmatismos

Hacemos un llamamiento activo a todas las organizaciones de mujeres, para unir esfuerzos y hacer más efectivas las diversas formas de lucha pacífica para obtener mediante la participación activa, la derrota definitiva de las políticas excluyentes y discriminatorias de los diferentes sistemas políticos que, en la mayoría de las ocasiones, imponen patrones culturales en donde el ser mujer en un mundo patriarcal, continúa siendo un gran obstáculo para el desarrollo personal y profesional.

 Frente a estas dificultades, reconocemos una oportunidad que motiva a la unión de género y que fortalece a las organizaciones de mujeres constituidas actualmente, para que se pueda contar efectivamente con una igualdad de derechos en todos los ámbitos de la sociedad.

Para eso, debemos unificar esfuerzos año tras año, al conmemorar el Día Internacional de la Mujer, con el objeto de organizar actos de diversa índole, colmados de homenajes hacia el rol que desempeñan todas las mujeres en la sociedad, recordando, sobre todo, aquellas promesas incumplidas del pasado, que tienden a morir en el olvido, en donde predominan sistemas de injusticia desigualdad e inseguridad.

A lo largo de los siglos las mujeres han luchado intensamente, desde diferentes sectores, por la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo. El Día Internacional de la Mujer es recordar esa lucha tantas veces ignorada y no abandonar la perseverancia de conseguir la igualdad entre todos los seres humanos.

Al rendir un homenaje a la mujer este 8 de marzo de 2025, resulta fundamental recordar el motivo de esta celebración, puesto que, si bien el origen de esta fecha es la lucha de las mujeres por reivindicar sus derechos fundamentales, es ineludible generar un cambio cultural en la sociedad donde el respeto y la convivencia sean efectivas.

Hechos históricos demuestran que el proceso de lucha incansable por parte de las mujeres en el mundo por la reivindicación de sus derechos. En 1908 cuando más de 40,000 costureras industriales se declararon en huelga, por la demanda de mejoras salariales, reducción de la jornada laboral, abolición del trabajo infantil y derecho a sindicalizarse, los dueños de la fábrica Cotton Textiles Factory en la ciudad de Nueva York, encerraron a sus empleadas para que no se unieran a la huelga, y se desató un incendio que provocó la muerte de 129 obreras. En 1909 Nueva York fue de nuevo testigo de la protesta de 15,000 mujeres trabajadoras, bajo el lema Pan y Rosas en el que el “Pan” simboliza la seguridad económica y las “Rosas” la calidad de vida. Posteriormente, las mujeres extendieron sus protestas hacia el derecho al voto y hacía el fin de la esclavitud infantil.

El Día Internacional de la Mujer fue propuesto en 1910 por la Alemana Clara Zetkin, integrante del Sindicato Internacional de Obreras de la Confección, durante el Congreso Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague, Dinamarca, destacando el carácter proletario y popular de esta celebración. En 1975 las Naciones Unidas establecieron. el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer.

Este día supone reconocer y valorar el decidido aporte de todas las mujeres del mundo a la construcción de la sociedad. Es justo valorar su inmensa ternura, creatividad, capacidad de trabajo, inteligencia y contribución al logro de las grandes transformaciones sociales de la historia de la humanidad. Las sociedades de hoy no podrían existir sin sus significativos aportes técnicos, científicos, y de fortalecimiento a la economía.

No podemos en este día dejar de recordar la labor que realizan las mujeres saharauis, las palestinas y las ucranianas en estos momentos tan dificultosos que están atravesando sus respetivos Países.

Fco. José Alonso Rodríguez, Politólogo, Sociologo – Pte. de la Liga Española Pro-Derechos Humanos

75 Aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

El Dia de Zamora, por Fco José Alonso Rodríguez, 09 de Diciembre de 2023.

Nueva Tribuna, por Fco José Alonso Rodríguez, 09 de Diciembre de 2023.

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