El creador que convirtió el arte en un puente entre Oriente y Occidente
Hay artistas cuya trayectoria resulta difícil de encerrar en una sola profesión. Miguel Chang fue uno de ellos. Cineasta, director artístico, arquitecto, diseñador, fotógrafo, pintor, calígrafo y escritor, hizo de la creación un territorio sin fronteras y de su propia vida un extraordinario puente entre China y España.
Conocido también por su nombre chino, Zhang Baoqing, Miguel Chang nació en Nanjing en 1931 y creció en Anqing, en el seno de una familia profundamente vinculada a la cultura. Desde muy joven mostró una especial sensibilidad hacia el dibujo, la pintura y las artes visuales. Su formación y su curiosidad intelectual le llevarían posteriormente a España, país en el que desarrollaría la mayor parte de su carrera y donde terminaría convirtiéndose en una figura singular de la cultura hispano-china.
En 1949 llegó a España como integrante de aquel primer grupo de jóvenes chinos conocido como los «Seis caballeros del río Wanjiang», que viajaron para continuar su formación. Años después estudiaría en la Escuela Oficial de Cine de España, donde se matriculó en 1960 y se graduó en 1965, mientras su formación e intereses relacionados con la arquitectura, la fotografía, el diseño y la pintura ampliaban progresivamente su campo de trabajo.
El cine como espacio de creación
La faceta que probablemente mejor define su trayectoria fue la dirección artística cinematográfica.
Miguel Chang no se limitaba a decorar un escenario: contribuía a construir el mundo visual en el que se desarrollaba una historia. Decorados, mobiliario, atrezo, ambientación, iluminación, composición y arquitectura formaban para él parte de un mismo lenguaje.
Desde la década de 1960 participó en numerosas producciones internacionales y trabajó junto a cineastas de primera línea, entre ellos Steven Spielberg, David Lynch, Martin Scorsese, Fernando Trueba y Carlos Saura. Las fuentes consultadas documentan más de un centenar de películas y producciones internacionales, aunque algunas publicaciones elevan considerablemente esa cifra.
Su filmografía incluye títulos de enorme repercusión como 55 días en Pekín, La caída del Imperio romano, Dune, Tai-Pan, El imperio del sol, Rojos, El año de las luces y Juana la Loca, además de otras grandes producciones internacionales.
En cada una de ellas, su trabajo contribuía a algo fundamental: hacer que el espectador creyera en el mundo que estaba contemplando. Su conocimiento de la arquitectura, la pintura, la historia y las tradiciones culturales le permitía crear espacios que no eran simples fondos, sino auténticos elementos narrativos.
Su colaboración con Marcela de Juan, figura fundamental en las relaciones culturales entre China y España, fue también decisiva en algunos momentos de su incorporación a grandes producciones cinematográficas.
Arquitectura y diseño: construir espacios con identidad
La arquitectura constituyó otra de las grandes vertientes de su personalidad artística.
Para Miguel Chang, un espacio no era únicamente una estructura física. Era también una experiencia, una atmósfera y una forma de comunicación. Esa concepción aparece tanto en sus trabajos cinematográficos como en sus proyectos arquitectónicos y de interiorismo.
Desarrolló proyectos de diseño y arquitectura en distintos lugares, combinando elementos de la tradición oriental con lenguajes occidentales contemporáneos. Su actividad incluyó espacios comerciales, interiores y viviendas, y llegó a dirigir su propio estudio, además de desarrollar su actividad profesional junto a otros diseñadores y arquitectos.
Uno de los episodios destacados de esta trayectoria fue su participación como director técnico de decoración del Pabellón de España en la Feria Mundial de Nueva York de 1964. También colaboró con el arquitecto español Fernando Higueras, entre otros proyectos en el ámbito del diseño y la arquitectura.
En 1994-1995 su trayectoria en el interiorismo fue reconocida por Barons Who’s Who International Edition, que lo distinguió como Relevant Interior Designer.
La pintura, la caligrafía y la mirada del artista.

Pero reducir a Miguel Chang al cine o a la arquitectura sería dejar fuera una parte esencial de su personalidad.
La pintura y la caligrafía china estuvieron presentes durante toda su vida. Sus obras pictóricas muestran una sensibilidad en la que confluyen la tradición artística china, el paisaje, la observación de la naturaleza y su experiencia vital en Europa.
Su relación con la caligrafía fue especialmente profunda. Entendía pintura y caligrafía como disciplinas estrechamente relacionadas y utilizaba el pincel como una herramienta para expresar aquello que en ocasiones no podía explicarse mediante palabras.
El monográfico de Intramuros recuerda precisamente esta faceta y recoge testimonios de quienes pudieron visitar su estudio y contemplar sus pinturas, dibujos y trabajos caligráficos.
Su actividad artística no se limitó a producir obra: también quiso transmitir conocimiento. Entre sus publicaciones figura Introducción al arte chino, aparecida en 1994, una obra concebida para acercar al público occidental a la historia y las diferentes manifestaciones del arte chino. El libro aborda ámbitos como la escritura, la arquitectura, el paisajismo, el jade, la cerámica y otras expresiones de una tradición cultural milenaria, incorporando además dibujos explicativos realizados por el propio Miguel Chang. También se citan entre sus trabajos escritos El jardín privado chino y Manejo de la iluminación cinematográfica.
Un hombre entre dos culturas. Quizá el aspecto más singular de Miguel Chang no se encuentre en ninguna de sus profesiones por separado, sino en la manera en que consiguió unirlas.
Su vida transcurrió entre dos grandes universos culturales.
Conservó una profunda conexión con sus raíces chinas al mismo tiempo que desarrolló una intensa trayectoria profesional en España y en el ámbito internacional.
En él convivían Oriente y Occidente, tradición y modernidad, arquitectura y pintura, cine y literatura. Esa mezcla no fue circunstancial: formó parte de su propia manera de entender el mundo. Por ello, distintos autores del monográfico de Intramuros han insistido en definirlo como un artista difícilmente clasificable. Más que elegir una disciplina, Miguel Chang parecía entenderlas todas como diferentes formas de una misma actividad: contar historias a través de las imágenes, los espacios y las formas.

Madrid y el barrio de Retiro: una parte esencial de su historia Madrid ocupó un lugar fundamental en esa trayectoria. Miguel Chang residió durante décadas en el distrito de Retiro, en la calle del Doce de Octubre, 34, convirtiéndose en un vecino estrechamente vinculado a la vida cultural de la zona.En el mismo edificio tiene la Sede La Liga Española Pro Derechos Humanos.
Su relación con Madrid no fue únicamente residencial o profesional. La ciudad formó parte de su universo creativo y de su identidad personal, mientras que desde ella continuó desarrollando esa actividad de intercambio cultural que caracterizó toda su vida.Por ese motivo, el 10 de febrero de 2026, el Pleno de la Junta Municipal de Retiro aprobó la colocación de una placa conmemorativa en el edificio de la calle del Doce de Octubre, 34, donde tuvo su residencia.
El Ayuntamiento de Madrid presentó el homenaje como un reconocimiento a su trayectoria cinematográfica y a su contribución al diálogo cultural entre Oriente y próximamente se instalará una placa conmemorativa en la fachada del Edificio según comunicado del Ayuntamiento de Madrid.
Francisco José Alonso Rodríguez y Arturo C. Casas Alcalde. – Miembros de la Dirección de la Liga Española Pro Derechos Humanos. “Vecinos del Retiro”.



