por Fco. José Alonso Rodríguez, 05 de Noviembre de 2026

Hay hombres cuya trayectoria no se mide por las honras ni por los despachos recibidos, sino por la talla moral con la que se erigen frente a la adversidad más atroz.
El pasado 20 de octubre de 2026 nos dejó el comandante de Estado Mayor Don Rafael Villalobos Villar, militar de honor, servidor abnegado de España y, por encima de todo, un símbolo viviente de dignidad, entereza y libertad.
Nacido en Larache el 31 de marzo de 1953, el destino puso a prueba la templanza de Rafael desde muy temprano. Huérfano a los cinco años, creció y se formó en colegios para huérfanos del Ejército, templando en la disciplina y la camaradería un espíritu noble que definiría toda su vida. En 1972 ingresó en la Academia General Militar de Zaragoza, donde forjó su vocación de servicio, obteniendo el empleo de teniente el 19 de diciembre de 1975. Tras ocupar diversos destinos con el rigor y la lealtad que caracterizan a los grandes militares, su proyección profesional le llevó a las aulas de la Escuela de Estado Mayor.

Fue allí, siendo comandante y alumno de Estado Mayor, donde la barbarie terrorista irrumpió trágicamente en su vida. El 17 de octubre de 1992, en una jornada dolorosamente grabada en la memoria colectiva —el mismo día en que ETA atentó violentamente contra la niña Irene Villa y su madre—, una bomba lapa adosada a su vehículo personal por la banda terrorista le causó herida de extrema gravedad y la amputación de ambas piernas.
Aquel 17 de octubre los violentos pretendieron mutilar su vida y quebrar su espíritu, pero tropezaron con la fortaleza inexpugnable de un hombre de honor. La vida a partir de ese día se transformó en un camino duro, de dolor físico y abnegada reconstrucción, no solo para Rafael, sino para toda su familia: su esposa y sus dos hijas, que se convirtieron en su pilar fundamental y en testigos de una lección diaria de superación.
Rafael vivió desde entonces con una entereza luminosa. Lejos de amedrentarse o retirarse al olvido, continuó aportando su brillantez intelectual como profesor colaborador en la Escuela de Estado Mayor. Muestra imborrable de su coraje quedó para la historia militar cuando, habiendo completado los exigentes cursos de Estado Mayor, se puso en pie con sus prótesis recién estrenadas para recibir la faja de diplomado de manos del Rey Juan Carlos I. Un gesto supremo de gallardía que conmovió a cuantos presenciaron la escena. Siempre que su salud se lo permitió, acudió al reencuentro con sus compañeros de promoción, siendo para todos ellos un faro constante de fraternidad y rectitud.
l 20 de octubre de 2026, rodeado del afecto incondicional de su familia, amigos y compañeros de armas, el comandante Villalobos emprendió su último viaje. En su despedida, la emoción se entremezcló con la indignación desgarradora ante las paradojas del presente. Como bien expresó un compañero de promoción en su último adiós, resulta doloroso constatar cómo hoy, mientras aquellos que perpetraron o justificaron semejantes atrocidades ostentan cargos públicos, la memoria de las víctimas exige más que nunca justicia y verdad.
Hoy que tanto se habla de relatos de paz y de entregas de armas, la figura de Rafael Villalobos se alza como una llamada imperativa a la conciencia colectiva. No se puede construir una sociedad verdaderamente libre sobre el olvido o la impunidad. Cobran hoy una vigencia estremecedora las palabras que tantas veces repetía ese inolvidable jurista y gran servidor de la justicia que fue el fiscal Eduardo Fungairiño: «Dejar sin castigo un delito es permitir que se repita».
En tiempos donde el miedo y la componenda política amenazan con arrebatar la libertad, el legado del comandante Don Rafael Villalobos Villar permanece inalterable. Su vida no fue solo la de un soldado herido en acto de servicio; fue la encarnación de la nobleza moral frente al terror. La libertad de un pueblo no la conceden los violentos ni la negocian los cobardes; la custodiaron y nos la regalaron hombres como Rafael, cuya memoria histórica jamás podrá ser silenciada. Descanse en paz el comandante de honor.
Francisco José Alonso Rodríguez. – Politólogo.- Sociólogo.- Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. – Centro de Estudios Ateneos. – Premio a la Libertad “Rafael del Riego. – Medalla Internacional de los DD.HH.
