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Honor, memoria y libertad: a Juan Martín Díez, «El Empecinado», en el 201.º aniversario de su asesinato de Estado

El Día de Zamora, por Fco. José Alonso Rodríguez, 07 de Agosto de 2026

El próximo 19 de agosto, Castilla y León rendirá tributo a uno de sus hijos más venerados, figura capital en la lucha por la independencia de España y la defensa inquebrantable de las libertades constitucionales: Juan Martín Díez, «El Empecinado». Al cumplirse 201 años de su trágico e injusto ajusticiamiento —un auténtico crimen de Estado perpetrado por orden directa del rey absolutista Fernando VII—, la ciudadanía está convocada a participar activamente en dos actos conmemorativos que tendrán lugar en las ciudades de Burgos y Valladolid.
La jornada del 19 de agosto se articulará en dos escenarios principales:
A las 12:00 horas en Burgos: Acto de homenaje ante su mausoleo, donde reposan los restos mortales del insignio militar.
A las 20:00 horas en Valladolid: Concentración conmemorativa frente a la casa donde vivió el héroe castellano.
Nacido en Castrillo de Duero (Valladolid) en 1775, Juan Martín Díez se convirtió en una leyenda viva durante la Guerra de la Independencia (1808-1814). Encabezando las partidas guerrilleras que hostigaron sin descanso a las tropas napoleónicas, su coraje y perspicacia militar desconcertaron a los mariscales franceses y le valieron el reconocimiento unánime de la nación.
Sin embargo, el genio militar de «El Empecinado» no solo se alimentaba de la defensa de la patria frente al invasor extranjero, sino de un profundo compromiso con la soberanía popular y los derechos del pueblo español. Cuando se promulgó la Constitución de Cádiz de 1812 —«La Pepa»—, la juró con la firmeza de quien entiende que la verdadera independencia requiere libertad e igualdad ante la ley.


Dignidad frente al despotismo de Fernando VII.

Tras el retorno de Fernando VII y la restauración del absolutismo más férreo, El Empecinado se mantuvo fiel a sus principios democráticos y al régimen constitucional durante el Trienio Liberal (1820-1823). El monarca absolutista intentó comprar su lealtad ofreciéndole títulos nobiliarios, honores y cuantiosas sumas de dinero a cambio de retractarse de su causa. La respuesta del héroe castellano resuena en la historia con la contundencia de un legado inmortal:
«Diga usted al rey que, si no quería la constitución, que no la hubiera jurado; que el Empecinado la juró y jamás cometerá la infamia de faltar a sus juramentos.»

Ante la imposibilidad de doblegar su integridad, el régimen absolutista reaccionó con crueldad. Juan Martín Díez “El Empecinado” fue apresado en Olmos de Peñafiel y encarcelado durante casi dos años en condiciones inhumanas en Roa. Finalmente, el 19 de agosto de 1825, tras un proceso carente de garantías legales y por orden expresa de la Corona, fue ejecutado en la horca en la Plaza Mayor de Roa. Aquel acto no fue una ejecución judicial, sino un crimen de Estado diseñado para acallar la voz de la dignidad y la razón.


Llamamiento a la memoria colectiva de Castilla y León.

Dos siglos transcurridos no han logrado borrar el valor de su sacrificio. Hoy, la figura de “El Empecinado” se alza no solo como un símbolo de la resistencia militar castellana, sino como un faro ético y democrático. Recordar su figura implica reivindicar la vigencia de los valores por los que entregó la vida: el imperio de la ley, la libertad ciudadana y el rechazo frontal a la tiranía y a la corrupción del poder.
Por todo ello, se invita a vecinos, colectivos culturales, historiadores y a toda la ciudadanía de Castilla y León a sumarse masivamente a esta doble cita de recuerdo y justicia histórica el próximo 19 de agosto:
Burgos (12:00 h): Un floral tributo ante el mausoleo de El Empecinado, rindiendo honores a los restos de quien nunca se arrodilló ante el absolutismo.
Valladolid (20:00 h): Un acto de memoria colectiva ante la fachada del inmueble que habitó, reviviendo su huella viva en el corazón urbano de su provincia natal.
Acudir a estos escenarios es mucho más que participar en un acto conmemorativo; es mantener viva la llama de quien demostró que la palabra, el honor y la defensa de la patria no se venden por pretendas ni se entregan bajo amenaza. Aquel 19 de agosto de 1825 pretendieron apagar su luz; este 19 de agosto demostraremos que su legado sigue más vivo que nunca.
Desde estas líneas queremos unirnos a la petición reiterada del Partido Nacionalista de Castilla y León (PANCAL-URCi) y Ateneo Cultural Villalar, para que el Ayuntamiento de Burgos permita el traslado de sus restos a Pueblo donde nació Castrillo de Duero, como era su deseo y el de sus descendientes. “El Pueblo que olvida y no respeta su Historia, está condenado a repetirla”.


Politólogo. – Sociólogo. – Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. – Centro de Estudios Ateneos. – Premio a las Libertades “Rafael del Riego”. Medalla Internacional DD.HH.

Ceuta bajo la tenaza de Rabat

El Distrito, por Fco. José Alonso Rodríguez, 04 de Agosto de 2026

Lo sucedido en la ciudad autónoma de Ceuta no puede explicarse bajo el cómodo matiz de una «crisis migratoria fortuita» ni como el mero colapso de una frontera maltrecha. La irrupción multitudinaria a través de los espigones fronterizos constituyó una auténtica operación de guerra híbrida.

Diseñada en los despachos de mayor poder de Marruecos, orquestada directamente por el Palacio Real y ejecutada por el círculo de máxima confianza del monarca alauí, la maniobra buscó dinamitar la soberanía española en el norte de África para enviar un mensaje diáfano a Madrid: España está sujeta a los dictados, tiempos e intereses de Rabat.

El uso de miles de personas como ariete geopolítico refleja la frialdad con la que Rabat instrumentaliza el factor humano. Al levantar pasivamente la vigilancia fronteriza y alimentar falsas promesas entre su propia población para incentivar el cruce masivo, la cúpula marroquí buscó asfixiar a las instituciones españolas, forzando un chantaje directo ante los ojos de la Unión Europea.

La pasividad o la tibieza diplomática ante un desafío de este calibre no solo socava la dignidad de un Estado soberano, sino que invita a futuras agresiones de mayor calado. España no puede permitir que este acto de coerción transcurra sin una respuesta formal, contundente y con consecuencias diplomáticas duraderas.

Mientras la diplomacia oficial titubea en despachos alejados, la realidad en las calles ceutíes muestra la vertiente más cruda y peligrosa de esta estrategia deliberada. La presencia del Ejército de Tierra —con unidades de la Legión y Regulares al frente— ha resultado determinante para evitar el colapso definitivo de la ciudad, aunque el escenario sobre el terreno dista mucho de estar controlado.

Entre batidas constantes por montes, barrancos y playas de las afueras, los militares patrullan zonas neurálgicas como El Príncipe o la barriada Juan Carlos I, buscando identificar y reconducir a la frontera a miles de personas que vagan sin rumbo o se ocultan tras el colapso total del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI).

Aunque el Ejecutivo autonómico cifra cerca de 5.000 los que aún permanecen de forma ilegal, estimaciones de mandos sobre el terreno sugieren que el volumen de entradas inicial superó con creces los datos oficiales, alcanzando cifras astronómicas para una ciudad con poco más de 80.000 habitantes.

«El que vino engañado el pasado jueves, el que vio el panorama y entendió lo que pasaba, ya se ha vuelto», relata un legionario que participa en los dispositivos de interceptación. «Aquí han quedado los perfiles más peligrosos. Entre los subsaharianos que se hacinan en playas como El Trampolín se han camuflado magrebíes que venían directamente de cumplir condena o de prisiones de su país».

El testimonio militar cobra especial gravedad al constatarse la incautación de al menos tres armas de fuego durante las batidas. Las tropas advierten de la presencia de individuos que han roto cercos policiales a la carrera y que presentan señales físicas o marcas coincidentes con antiguos reclusos.

La amenaza de saqueos e incidentes violentos ha obligado a desplegar efectivos armados a las puertas de grandes supermercados y cajeros automáticos, cuyos cierres de seguridad reflejan el clima de tensión contenidos que se respira fuera del centro urbano.

La entrega del estamento militar contrasta drásticamente con la precariedad con la que están afrontando este despliegue de emergencia. Soldados que han tenido que interrumpir bruscamente sus descansos para acudir al rescate de Ceuta denuncian jornadas extenuantes, durmiendo apenas una o dos horas en el interior de los propios camiones de transporte y alimentándose a base de raciones mínimas compuestas únicamente por bollos de pan y latas de atún. Una logística deficiente que subraya la improvisación institucional frente a una amenaza meticulosamente planificada al otro lado de la valla.

La crisis de Ceuta demuestra que la vulnerabilidad de España no radica en la capacidad operativa de sus Fuerzas y Cuerpos de Seguridad ni de sus Fuerzas Armadas, sino en la falta de determinación política para señalar la autoría intelectual del conflicto. La apertura de las fronteras no fue un descontrol fortuito, sino una orden política directa gestada en el Palacio marroquí para tensar la cuerda estratégica con Madrid.

Si la respuesta española se limita a gestionar las devoluciones de manera tibia mientras sus militares custodian supermercados y peinan montes en condiciones deplorables, el mensaje enviado a Rabat será de debilidad. España está obligada a desplegar un contraataque diplomático y geopolítico firme que deje claro que el respeto a las fronteras y a las ciudades autónomas no es un objeto de negociación ni un tablero de chantaje al servicio de los intereses marroquíes.

Politólogo. – Sociólogo. – Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. – Centro de Estudios Ateneos. – Premio a las Libertades “Rafael del Riego”. Medalla Internacional DD.HH.

El Congreso de EE.UU. respalda la tesis de Marruecos sobre Ceuta y Melilla

El Día de Zamora, por Fco. José Alonso Rodríguez, 03 de Agosto de 2026.

En un movimiento de profundas implicaciones para la diplomacia europea y transatlántica, la Comisión de Asignaciones de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos ha emitido un informe presupuestario que rompe abiertamente con el consenso histórico sobre la soberanía española en el Norte de África. El documento oficial señala de forma explícita que las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla se encuentran situadas en «territorio marroquí», avalando simultáneamente la intervención del secretario de Estado para facilitar un diálogo bilateral entre Madrid y Rabat orientado a redefinir su estatus territorial.

Esta postura, adoptada formalmente por primera vez por el poder legislativo estadounidense, ha quedado integrada dentro de la ley de gastos de Seguridad Nacional, del Departamento de Estado y programas conexos para el ejercicio fiscal 2027. La legislación fue aprobada por una ajustada mayoría de 217 votos frente a 209, contando con el respaldo prácticamente unánime del Partido Republicano. La iniciativa legislativa ha sido impulsada de manera determinante por el congresista floridano Mario Díaz-Balart, (de ascendencia cubana) figura influyente y estrecho aliado político de altos cargos de la administración estadounidense.

El informe no solo respalda el discurso territorial de Rabat sobre las dos plazas españolas, sino que además garantiza una asignación financiera directa, destinada a la seguridad e integración militar de Marruecos. Paralelamente, analistas de influyentes centros de pensamiento conservadores norteamericanos han sugerido abiertamente la necesidad de calificar a las ciudades españolas como «territorios ocupados», proponiendo utilizar a la diplomacia alauita como contrapeso estratégico frente a una España a la que califican de socio impredecible.

«Las ciudades administradas por España están situadas en territorio marroquí. Se respaldan los esfuerzos diplomáticos para facilitar una negociación entre Rabat y Madrid sobre su futuro estatus. 

Esta postura del Congreso no resulta aislada, sino que se alinea estrechamente con las recientes declaraciones del presidente Donald Trump y su retórica revisionista en política exterior. En intervenciones públicas previas, el mandatario estadounidense ha aludido repetidamente al «Desastre del 98» y a la pérdida de las antiguas colonias españolas de ultramar —Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam— como antecedentes históricos, vinculándolos a las exigencias actuales de mayor aportación en materia de defensa a los aliados de la OTAN.

El marco doctrinario de la actual Casa Blanca reivindica de manera explícita el legado del presidente William McKinley y el modelo de proyección geopolítica basado en la presión comercial y arancelaria. La diplomacia estadounidense rescata además de forma constante la alianza bilateral suscrita con Marruecos en el Tratado de Paz y Amistad de 1786, el más antiguo en vigor de Washington, para justificar la primacía de su alianza estratégica en el norte de África, aun a costa de lesionar los intereses soberanos de un socio europeo tradicional.

Cronología reciente de concesiones diplomáticas

  • Diciembre 2020: EE.UU. reconoce la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental dentro de los Acuerdos de Abraham.
  • Marzo 2022: Giro histórico del Gobierno español considerando el plan de autonomía marroquí como «la base más seria y realista».
  • Octubre 2025: El Consejo de Seguridad de la ONU consagra el plan de autonomía marroquí impulsado por EE.UU.
  • Julio 2026: El Congreso de EE.UU. catalogó formalmente por escrito a Ceuta y Melilla como «territorio marroquí».

La consolidación de las pretensiones territorialistas de Marruecos encuentra su antecedente inmediato en la cuestión del Sáhara Occidental. Tras el giro diplomático efectuado por la Casa Blanca al término del primer mandato de Trump, el Ejecutivo español modificó en 2022 la posición neutral sostenida por España durante casi medio siglo.

Aquella concesión española, efectuada mediante carta al monarca Mohamed VI y sin refrendo previo del Congreso de los Diputados, buscaba aplacar las presiones migratorias y fronterizas en el norte de África. Sin embargo, los hechos recientes evidencian que el cambio de postura no ha neutralizado las ambiciones de Rabat sobre Ceuta y Melilla, sino que ha desplazado la presión diplomática e ideológica hacia las fronteras europeas en el continente africano.

El respaldo explícito del Capitolio norteamericano deja a la política exterior española en una posición de notable fragilidad. Tras episodios de fricción diplomática como la crisis del peñón de Perejil en 2002 o las recientes avalanchas migratorias en Ceuta, Marruecos ha logrado afianzar un relato internacional que cuestiona la integridad territorial española con el aval explícito de la principal potencia bélica y diplomática del mundo.

A medida que se afianzan los vínculos militares, comerciales y geopolíticos entre Washington y Rabat de cara al próximo cuarto de siglo, España enfrenta el reto de reformular su estrategia internacional en un contexto en el que sus fronteras soberanas son objeto de discusión en los centros de decisión norteamericanos.

La postura del Gobierno de España de no convocar unas Elecciones Generales, ante la crisis permanente que nos está llevando desde su llegada a la Presidencia de gobierno Pedro Sancez (sin deslegitimar sus derechos Constituciones. Es un permanente y peligroso daño que esta causando a España).

Politólogo. – Sociólogo. – Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. – Centro de Estudios Ateneos. – Premio a las Libertades “Rafael del Riego”. – Medalla Internacional DD.HH.

El Dolor de un país y la Grandeza de su gente

Por Francisco Jose Alonso Rodríguez, 31 de Junio de 2026.

La historia de Venezuela parece ensañarse con su geografía, pero si algo queda claro en medio del dolor provocado por el catastrófico doble terremoto en el norte del país y las graves inundaciones occidentales, es que el verdadero motor de salvación no viste uniforme oficial ni maneja presupuestos públicos. Hoy por hoy, es el ciudadano de a pie —el vecino, el mototaxista, el voluntario improvisado— quien está llevando sobre sus hombros el peso absoluto de los rescates. Ante una tragedia de dimensiones tan descomunales, la solidaridad popular ha tenido que suplantar la dramática ausencia de su Gobierno.

Cuando la tierra crujió en Caracas, La Guaira y las zonas aledañas, no hubo un despliegue inmediato e institucional capaz de mitigar el caos. La realidad logística del país es implacable: no existen suficientes ambulancias operativas, camiones de bomberos dotados ni herramientas técnicas pesadas en manos del Estado para abordar un colapso de esta magnitud. Llegar al epicentro de los derrumbes a tiempo a través de canales institucionales es una utopía. En las primeras horas críticas —esas donde se decide la vida o la muerte bajo el concreto—, lo que se escuchó no fue el eco de los protocolos gubernamentales, sino los gritos de miles de civiles removiendo escombros con sus propias manos, organizando cadenas humanas para mover rocas y abriendo caminos a pura fuerza de voluntad.

Mientras las familias lloran a sus fallecidos y buscan desesperadamente a los desaparecidos entre la precariedad más absoluta, la narrativa gubernamental intenta, una vez más, maquillar las grietas de su propia ineficiencia. Hablan de planes de contingencia y despliegues perfectos, pero las comunidades afectadas denuncian lo obvio en el terreno: el gobierno, sencillamente, no está a la altura de su pueblo. Décadas de desinversión en infraestructura médica, desmantelamiento de los cuerpos de protección civil locales y la falta crónica de recursos básicos han dejado al país en una vulnerabilidad extrema frente a la naturaleza.
El coraje de los venezolanos es indiscutible.

En cuestión de minutos se armaron convoyes ciudadanos repletos de agua, comida y medicamentos recolectados por civiles para enviarlos a los sectores más golpeados. Son los propios jóvenes de las barriadas quienes arriesgan sus vidas ingresando a estructuras inestables, guiados únicamente por el amor al prójimo y la urgencia de no dejar a nadie atrás.
Nadie planifica un desastre de esta escala, pero la respuesta ante él mide la estatura moral de quienes gobiernan.

Una vez más, el saldo es trágico y desigual. El Estado venezolano ha quedado retratado en su incapacidad y pasividad, mientras que la ciudadanía ha vuelto a demostrar una dignidad inquebrantable. En Venezuela, la fe y la supervivencia no dependen de un ministerio; dependen del vecino. Una verdad dolorosa, pero innegable: hoy, solo el pueblo salva al pueblo


Politólogo. – Sociólogo. – Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. – Premio las Libertades “Rafael del Riego”. – Medalla de 1ª Clase Francisco de Miranda. (30 junio 2026)

Al “Empecinado” se le concede la Cruz de San Fernando

Por Francisco José Alonso Rodríguez y José Ignacio Moratinos «El Empecinado», 30 de Junio de 2026.

El 30 de junio de 1816 se le concede la Cruz de San Fernando de Tercera Clase. Un Campesino de Castilla y León. El 30 de junio de 1816 es una fecha clave en la hoja de servicios de Juan Martín Díez, «El Empecinado». Ese día se le concedió oficialmente la Cruz de San Fernando de Tercera Clase (equivalente a la Cruz Laureada en la normativa de la época) en reconocimiento a su extraordinario valor, su audacia y su liderazgo indiscutible durante la Guerra de la Independencia Española (1808-1814).
La figura de El Empecinado es el vivo reflejo de cómo un campesino de Castrillo de Duero (Valladolid), arraigado a la tierra de Castilla y León, se convirtió en un héroe nacional de dimensiones legendarias.
El apodo de «Empecinado» arrastra la fuerza de su geografía: se llamaba así a los naturales de Castrillo de Duero debido a las pecinas, el lodo negro de aguas estancadas que abundaba en el arroyo del municipio.
Cuando las tropas napoleónicas invadieron la península, Juan Martín Díez no dudó en abandonar las labores del campo para organizar la resistencia. Su conocimiento profundo de la orografía castellana, su tremenda intuición táctica y un valor temerario lo convirtieron en el pionero y máximo exponente de la guerra de guerrillas. Lo que empezó como una pequeña partida de hombres terminó siendo el «Enjambre», una fuerza militar organizada que llegó a contar con miles de combatientes, capaz de fijar y desgastar al ejército franceses.
La Real y Militar Orden de San Fernando, instituida por las Cortes de Cádiz en 1811, era y sigue siendo el listón más alto al honor militar en España. No premiaba la antigüedad ni el linaje noble, sino el valor heroico y distinguido.

Para un hombre de extracción humilde como El Empecinado, la concesión de la Cruz de Tercera Clase en 1816 fue la ratificación oficial de que su genio militar y su patriotismo estaban a la altura de los mayores estrategas del reino. Se le otorgó por méritos propios acumulados en batallas y escaramuzas memorables por toda la meseta, donde demostró que un pueblo decidido y enraizado en sus principios era capaz de doblegar al ejército más poderoso del mundo.
«No hay nobleza más legítima que la que se gana con el propio esfuerzo y se sella con el sacrificio por la libertad de la Patria.»

Su lealdad lealtad a la causa de la libertad y a la Constitución de 1812 marcaría también su trágico y noble destino posterior, consolidándolo no solo como un genio militar, sino como un símbolo eterno de la dignidad popular de Castilla y del conjunto de España.
La respuesta de Juan Martín Díez ante el intento de soborno de Fernando VII define perfectamente su integridad. La frase exacta con la que cortó en seco al emisario del rey —el general Churruca— resuena con la fuerza de un hombre que no tenía precio:
«Diga usted al rey que, si no quería la Constitución, que no la hubiera jurado; que el Empecinado la juró y jamás faltará a sus juramentos.»
Fernando VII pretendía comprar el inmenso prestigio popular del guerrillero castellano a cambio de títulos nobiliarios (el Marquesado de Burgos) y una auténtica fortuna (un millón de reales). Para un antiguo campesino, aquello significaba la riqueza absoluta y el ascenso a la cúspide social. Sin embargo, «El Empecinado» demostró que su lealtad no era hacia la corona, sino hacia la palabra dada y la libertad de su pueblo plasmada en la Constitución de 1812 («La Pepa»).


Ese rechazo firmó su sentencia de muerte. Su final, el 19 de agosto de 1825 en Roa (Burgos), fue de una crueldad terrible: fue ejecutado en la horca —un castigo considerado infame para un militar de su rango, a quien correspondía el fusilamiento— tras haber sido exhibido en una jaula de hierro durante los días de mercado para burla del público.
Incluso en sus últimos minutos mostró su carácter indomable; al llegar al patíbulo, rompió las esposas con su propia fuerza en un último intento desesperado por defender su dignidad, teniendo que ser reducido a bayonetazos por los verdugos. Fernando VII recuperó el trono absoluto, pero Juan Martín Díez pasó a la historia como el símbolo máximo de la dignidad y la resistencia del pueblo de Castilla y León.


Politólogo. – Sociólogo. – Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. – Centro de Estudios Ateneos. – Premio a las Libertades “Rafael del Riego”. _ Medalla Internacional DD.HH

Coordinador Liga Española Pro Derechos Humanos.- Secretario General Ateneo Cultural Villalar.- Presidente Nacional Círculo Cultural El Empecinado.- Medalla del Empecinado.

Una República y un mismo destino trágico: Alcalá-Zamora y Azaña

por Fco. José Alonso Rodríguez, 29 de Junio de 2026.

La Segunda República Española (1931-1939) fue un proyecto de modernización colosal que acabó devorado por la polarización y la violencia. Al frente de aquel Estado democrático solo estuvieron dos hombres como presidentes de la República: Niceto Alcalá-Zamora (1931-1936) y Manuel Azaña (1936-1939). A pesar de encarnar culturas políticas opuestas y de profesar visiones muy distintas sobre cómo debía transformarse el país, compartieron dos rasgos inquebrantables que definieron sus vidas: un profundísimo amor por España y un rechazo absoluto, casi visceral, a la guerra civil.Las discrepancias entre ambos nacían de sus propios orígenes. Niceto Alcalá-Zamora era la encarnación del centrismo liberal y católico. Terrateniente andaluz y antiguo ministro de la monarquía de Alfonso XIII, su llegada al republicanismo fue el resultado de una evolución legalista. Para don Niceto, la República debía ser una casa común, templada y de orden, capaz de atraer a las clases medias y a los sectores conservadores sin asustar a la Iglesia.

Su estilo era legalista, parsimonioso y profundamente apegado al equilibrio institucional.Manuel Azaña, por el contrario, era el alma de la intelectualidad reformista y laica. Escritor brillante y de verbo afilado, entendía la República no como un mero cambio de gobierno, sino como una revolución cultural y social indispensable. Azaña creía que España no saldría del atraso sin una separación tajante entre la Iglesia y el Estado, y sin una reforma profunda del Ejército y de la propiedad de la tierra. Su republicanismo era jacobino, audaz y, a ojos de sus detractores, peligrosamente inflexible. Mientras Alcalá-Zamora buscaba frenar el ritmo para no romper el país, Azaña aceleraba porque temía que el tren del progreso perdiera su oportunidad histórica.Más allá de sus choques políticos —que culminaron con la destitución de Alcalá-Zamora por las Cortes en 1936—, las raíces que los unían eran idénticas. Ambos amaban a España con una devoción intelectual y afectiva desbordante. No era el patriotismo de charretera y desfile, sino el dolorido sentir por una patria rota que compartían los hombres de la Generación del 98.

Deseaban una España culta, europea, libre de caciques y respetada en el mundo.Pero donde su sintonía se vuelve trágica y luminosa es en su rechazo absoluto a la guerra. Ninguno de los dos creyó jamás que las ideas debían imponerse a sangre y fuego. Alcalá-Zamora, destituido meses antes del golpe de Estado de julio de 1936, contempló el estallido del conflicto desde el exilio con el corazón destrozado. Rechazó apoyar a los sublevados, pero se negó en rotundo a justificar la violencia revolucionaria que se desató en la zona republicana.

Prefirió la pobreza del destierro antes que validar la carnicería entre compatriotas. Azaña, atrapado en la presidencia durante toda la contienda, vivió un auténtico calvario. Desde su despacho oficial, intentó desesperadamente buscar la mediación internacional para detener la guerra. Su discurso de julio de 1938, en el Ayuntamiento de Barcelona, es el testamento definitivo de su pacifismo. Lejos de lanzar proclamas de victoria o venganza, pronunció aquellas palabras que resuenan en la historia: «Paz, piedad y perdón». Para Azaña, la guerra no era un triunfo, sino una derrota colectiva; ganar una guerra civil, decía, no era una gloria, sino una inmensa desgracia patria.El destino los equiparó en la derrota. Ambos murieron en el exilio, despojados de todo, pero firmes en sus principios. Alcalá-Zamora falleció en Buenos Aires en 1949, añorando su tierra. Azaña lo hizo en Montauban (Francia) en 1940; cuenta la leyenda que, al morir, su féretro fue cubierto con la bandera mexicana porque las autoridades francesas prohibieron la republicana, pero su verdadero sudario fue el dolor por España. Dos presidentes, dos visiones, pero un solo corazón que se negó a aceptar que la única solución para los problemas de su patria fuera el odio y las trincheras.

“Quienes no respetan y defienden su historia, pierden y desprecian su futuro”.

Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. – Centro de Estudios Manuel Azaña. – Premio a las Libertades “Rafael del Riego”. -Medalla Internacional DD. HH.

El Dilema de José Luis Rodriguez Zapatero?

Por Fco. José Alonso Rodríguez, 29 Junio de 2026.

El concepto de la nobleza y la dignidad humana no se mide en los momentos de gloria, sino en la capacidad de asumir la responsabilidad de los propios actos. A lo largo de la historia, la verdadera grandeza ha pertenecido a aquellos hombres y mujeres que, ante el error o la transgresión, han plantado cara a las consecuencias con el pecho descubierto y la verdad por delante. En el extremo opuesto de este ideal de honorabilidad se encuentra una de las figuras más perjudiciales para la salud democrática y moral de una sociedad: el delincuente de cuello blanco.
A diferencia del infractor común, el delincuente de guante blanco no opera desde la marginalidad ni la desesperación; lo hace desde las altas esferas del poder, la influencia y el privilegio. Sin embargo, cuando sus redes de corrupción, tráfico de influencias o desfalco quedan al descubierto, raras veces se observa en ellos un ápice de la valentía necesaria para reconocer el daño causado. Al contrario, es en ese preciso instante de rendición de cuentas donde se manifiesta su profunda cobardía, transmutada en una intrincada estrategia de supervivencia jurídica y evasión moral.
El modus operandi del corrupto de élite no es la confrontación, sino el camuflaje. Para evitar el oprobio y las penas que en justicia le corresponden, despliega un arsenal de argucias judiciales, tecnicismos procesales y dilaciones indebidas. La ley, que debería ser un instrumento de equidad, es retorcida por bufetes de gran prestigio para encontrar lagunas, prescripciones y vicios de forma que entierren el fondo del asunto: el delito mismo. El objetivo no es demostrar la inocencia real —pues la conciencia del hecho cometido es plena—, sino construir una armadura burocrática que impida que la verdad salga a la luz. Es la cobardía institucionalizada, donde el culpable se esconde detrás de folios y recursos para no mirar de frente a la sociedad a la que ha traicionado.
Esta estrategia de evasión alcanza su punto más crítico cuando busca amparo en la subjetividad del estamento judicial. El delincuente de cuello blanco sabe que las leyes son interpretadas por seres humanos y, por ello, intenta activamente alinearse con jueces y magistrados con los que comparte afinidades ideológicas o intereses creados. Al apelar a esa subjetividad compartida, el infractor no busca justicia, sino complicidad velada. Espera que el sesgo ideológico actúe como un filtro atenuante que desvíe la severidad de la norma, transformando un acto inequívocamente delictivo en una mera «discrepancia administrativa» o en una «persecución política». Esta instrumentalización de la justicia hiere de muerte la confianza pública en las instituciones, haciendo parecer que la ley solo es implacable con los desfavorecidos.
Frente a esta degradación del deber, la historia y la memoria colectiva nos recuerdan a aquellos hombres dignos que prefirieron perder la vida o la libertad antes que comprometer su honor. Figuras que entendieron que la defensa de los principios está por encima de la comodidad personal y que la ley se respeta acatando sus dictados, no engañándola. La nobleza radica en la coherencia entre lo que se predica y lo que se ejerce.
Por desgracia, el panorama político actual ofrece ejemplos donde esa coherencia brilla por su ausencia. Es el caso del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, quien con frecuencia ha pregonado una máxima según la cual, como socialista, se debe pedir poco y dar mucho. Sin embargo, en el contexto actual, sus posiciones y silencios frente a desmanes políticos y éticos no hacen honor a esas palabras tan repetidas. En lugar de erigirse en un faro de rectitud y exigir la máxima transparencia y asunción de responsabilidades dentro de su órbita y en el escenario internacional, se percibe un alineamiento con discursos que relativizan la gravedad de ciertas acciones o que buscan acomodo en la letra pequeña de la legalidad.
Un liderazgo que se pretenda ético no puede escudarse en la ambigüedad ni avalar indirectamente que se intente engañar a la ley. Quien ha ostentado la más alta representación de un Estado debería aprender de aquellos referentes históricos que dieron su vida por la dignidad, demostrando que el verdadero valor se demuestra sosteniendo la mirada a la verdad, sin subterfugios ni magistraturas afines. La historia, al final, despoja los trajes de cuello blanco y solo conserva el recuerdo de quienes actuaron con auténtica rectitud.
Jose Luis Rodríguez Zapatero solo te queda ser o no ser Honorable y Digno y no tener miedo a la Justicia que juzgue tus delitos si los hubieras cometido y no escudarse que esos delitos sean declarados prescritos. No olvides que el delito es delito y debes hacer frente a tus actos si quieres ser recordado como un hombre honrado y digno.

Fco. José Alonso Rodríguez – Politólogo. – Sociólogo. -Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. – Centro de Estudios Ateneos. – Premio a las Libertades “Rafael del Riego”.,

José Ignacio Moratinos «El Empecinado» – Coordinador Liga Española Pro Derechos Humanos.- Secretario General Ateneo Cultural Villalar.- Presidente Nacional Círculo Cultural El Empecinado.

La Liga Española Pro-Derechos Humanos, Expresa su Solidaridad con el Pueblo Venezolano

por Fco. José Alonso Rodríguez. 27 de Junio de 2026.

La Liga Española Pro Derechos Humanos desea trasladar su más profunda solidaridad, afecto y apoyo al pueblo hermano de Venezuela tras los devastadores terremotos que han golpeado recientemente diversas regiones del país, causando pérdidas humanas, numerosos heridos y cuantiosos daños materiales.


En estos momentos de dolor y dificultad, queremos hacer llegar nuestras condolencias a las familias de las víctimas y nuestro deseo de una pronta recuperación para todas las personas heridas y afectadas por esta tragedia.

AME5030. LA GUAIRA (VENEZUELA), 26/06/2026.- Un rescatista del Ejercito de México junto a su perro trabajan en un edificio afectado por un terremoto este viernes, en La Guaira (Venezuela). El ministro de Interior de Venezuela, Diosdado Cabello, anunció la restricción del acceso al estado La Guaira (norte, cercano a Caracas), el más afectado por los terremotos, a partir de las 20.00 horas locales (00.00 GMT) de este viernes. EFE/ Ronald Peña R


Los derechos humanos encuentran su máxima expresión en la solidaridad entre los pueblos y en la protección de la dignidad humana en situaciones de emergencia y vulnerabilidad. Por ello, hacemos un llamamiento a las instituciones nacionales e internacionales, a las organizaciones humanitarias y a la sociedad civil para reforzar los esfuerzos de ayuda, asistencia y reconstrucción que permitan aliviar el sufrimiento de quienes hoy lo han perdido todo.


La Liga Española Pro Derechos Humanos reconoce igualmente la labor de los equipos de rescate, profesionales sanitarios, voluntarios y miembros de los servicios de emergencia que trabajan incansablemente para salvar vidas y atender a las personas afectadas.


España y Venezuela mantienen profundos lazos históricos, culturales y humanos que hoy se hacen más fuertes que nunca. El pueblo venezolano no está solo en estos difíciles momentos.
Recibid desde España nuestro abrazo fraterno, nuestra solidaridad y nuestro compromiso con la defensa de la vida, la dignidad humana y la esperanza.


Liga Española Pro Derechos Humanos:


«La solidaridad es el lenguaje universal de la humanidad.»

Francisco José Alonso Rodriguez. -Presidente
Jose Ignacio Moratinos “El Empecinado”. – Coordinador

Una deuda de honor: La gesta silenciada del Comandante Luis Báguena y sus guardias civiles en Guinea Ecuatorial

El Día de Zamora, por Fco. José Alonso Rodríguez, 15 de Junio de 2026.

La historia de España está jalonada de episodios donde el cumplimiento del deber roza lo heroico, pero pocos han sido tan injustamente sepultados bajo el manto del olvido institucional como la evacuación de Guinea Ecuatorial entre febrero y abril de 1969. En aquellos meses de zozobra, tras una independencia que derivó de inmediato en la tiranía de Francisco Macías, un puñado de guardias civiles, bajo el mando templado y estratega del comandante Luis Báguena Salvador, logró una de las operaciones de rescate más exitosas y dramáticas del siglo XX: salvar la vida de más de 7000 compatriotas diseminados por la selva africana.

Hoy, casi seis décadas después, la Dirección General de la Guardia Civil y el Gobierno de España mantienen una flagrante deuda histórica con aquellos hombres. Su sacrificio, que puso en grave peligro sus propias vidas y haciendas, fue despachado en su momento como «materia reservada» por las autoridades franquistas y, posteriormente, ignorado por los sucesivos gobiernos democráticos. Es hora de levantar el secreto y hacer justicia a los últimos de Guinea

La propaganda de la época vendió la independencia de Guinea Ecuatorial, proclamada el 12 de octubre de 1968, como un proceso modélico y pacífico. La realidad en el terreno no tardó en tornarse dantesca. La victoria electoral de Francisco Macías —un líder de indiscutible inestabilidad psíquica y exacerbado discurso antiespañol— desató las fuerzas del caos. Alentadas por el nuevo régimen, las llamadas Juventudes en Marcha con Macías iniciaron una campaña de terror, violencia y arbitrariedad contra la población española y los opositores locales.

El país se colapsó económicamente en cuestión de semanas. Los cerca de diez mil residentes españoles, que sostenían el tejido productivo, las plantaciones de cacao y el comercio, se vieron atrapados en un clima preñado de amenazas de muerte, saqueos institucionales y detenciones ilegales. Con el recuerdo aún fresco y sangriento de las matanzas de europeos en el Congo a principios de la década, el temor a un exterminio indiscriminado en el territorio continental de Río Muni y en la isla de Fernando Poo (hoy Bioko) se convirtió en una certeza matemática.

En medio de este polvorín, España mantenía desplegado un batallón de la Guardia Civil. Al frente de estas fuerzas se encontraba el comandante Luis Báguena Salvador, una figura providencial para el destino de miles de personas. Nacido en la propia Guinea, Báguena no era un oficial foráneo ejecutando órdenes burocráticas; conocía íntimamente la psicología de los líderes guineanos, dominaba el idioma fang y poseía un prestigio respetado incluso por las milicias gubernamentales.

Cuando Madrid asumió la inevitable necesidad de evacuar a toda la población civil ante la deriva enajenada de Macías, la responsabilidad de ejecutar el repliegue recayó sobre los hombros de la Guardia Civil. La dificultad de la misión era extrema: en Río Muni, las familias españolas no estaban agrupadas, sino diseminadas en pequeñas factorías, misiones y plantaciones agrícolas aisladas en el corazón de una selva densa, comunicada por pistas impracticables y jalonada por controles militares hostiles comandados por el coronel Tray, un antiguo combatiente de la Guerra Civil española sediento de poder.

La orden de Báguena fue clara, firme y ejecutada con una disciplina espartana: vaciar el interior del país, escoltar a los civiles hacia los puertos de Bata y Santa Isabel (Malabo) y repeler las provocaciones sin desatar un conflicto abierto que sirviera de excusa para una matanza generalizada.

Los guardias civiles, sabiendo que sus propios hogares y bienes en Guinea quedaban expuestos al pillaje inmediato, priorizaron la vida de los colonos. Se adentraron en las plantaciones, organizaron convoyes improvisados y lidiaron, en un juego de alta tensión diplomática y militar, con las milicias de Macías que apuntaban con sus armas a las columnas de refugiados. Los agentes pusieron en juego sus vidas en cada puente, en cada puesto de control, actuando como escudos humanos para que los civiles pudieran embarcar en las naves de la Armada Española enviadas al rescate.

El éxito de la operación raya en el milagro logístico y militar. En una movilización sin precedentes de más de 7000 personas en condiciones extremas de hostilidad, solo se tuvo que lamentar la muerte de un ciudadano español, tiroteado en una balsa en el río Benito. La pericia de Báguena y la templanza de sus hombres evitaron un baño de sangre que parecía inevitable

El castigo a tanta entrega fue el silencio. Para el gobierno español de finales de los sesenta, admitir el desastre absoluto en el que había derivado la descolonización significaba reconocer un fracaso geopolítico clamoroso. Por ello, mediante un decreto fulminante, los sucesos de Guinea fueron declarados materia reservada.

Los héroes regresaron a la metrópoli sin desfiles, sin medallas colectivas de relieve y con la orden estricta de no hablar de lo vivido. Sus haciendas, los ahorros de toda una vida de esfuerzo en el golfo de Guinea, se perdieron para siempre bajo el amparo de las expropiaciones de la dictadura de Macías, sin que el Estado español articulara indemnizaciones justas o un reconocimiento público equivalente al trauma y las pérdidas sufridas.

La llegada de la democracia tampoco reparó esta injusticia. El asunto quedó sepultado en los anaqueles polvorientos de la historia oficial. Salvo contados testimonios bibliográficos de los propios protagonistas en los años ochenta, y recientes esfuerzos documentales y literarios que han intentado tímidamente cubrir esta laguna, la gesta del comandante Báguena sigue siendo una gran desconocida para el gran público español.

La lealtad no puede ser pagada con el olvido. La Dirección General de la Guardia Civil tiene el deber moral de rescatar del anonimato la hoja de servicios de aquellos hombres que mantuvieron el honor del uniforme en las condiciones más ingratas y peligrosas que se recuerdan en la historia colonial de España. No se trata meramente de un ejercicio de nostalgia, sino de un acto de estricta justicia histórica y democrática.

El Gobierno de España, como continuador institucional del Estado, debe una disculpa y un homenaje público a los guardias civiles y a los miles de españoles que lo perdieron todo en Guinea Ecuatorial. Negar el reconocimiento a quienes salvaron 7000 vidas a costa de su propia seguridad es una cobardía política que violenta los valores de gratitud y honor de la nación. Los últimos de Guinea no fueron solo testigos de un naufragio colonial; fueron los salvavidas de miles de compatriotas, guiados por el temple insustituible de un comandante llamado Luis Báguena Salvador. Su deuda sigue pendiente.

Politólogo. – Sociólogo. – Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. – Federación Internacional Pro Derechos Humanos-España. – Premio a las Libertades “Rafael del Riego”. Medalla Internacional DD.HH.