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Luisa Ortega Exfiscal General de Venezuela, Zapatero y Bono

por Fco. José Alonso Rodríguez, 04 de Junio de 2026

El periodismo de investigación y el activismo por los derechos humanos a menudo convergen en un terreno peligroso: la revelación de la verdad frente al poder. En el centro de una de las tramas más complejas de las relaciones bilaterales entre España y Venezuela se encuentra una acusación de calibre internacional que involucra al expresidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, y a su entonces ministro de Defensa, José Bono.
Según informaciones y testimonios del entorno de la Liga Española Pro Derechos Humanos, la exfiscal general de Venezuela, Luisa Ortega Díaz, denuncio ante las autoridades de los Estados Unidos un presunto cobro de comisiones que asciende a 36 millones de dólares. El origen de esta supuesta contraprestación ilícita sería la polémica venta de patrulleras y fragatas a Venezuela, una operación que en su momento desafió el veto tecnológico impuesto por Washington.
Para entender la magnitud del caso, es necesario remontarse al año 2005, cuando el Gobierno español firmó un multimillonario contrato para la venta de buques militares al Gobierno de Hugo Chávez. La operación nació envuelta en la fricción diplomática: la legislación internacional y los tratados de defensa estipulaban la prohibición estricta de vender equipamiento militar a terceros países si este contenía componentes o tecnología de origen estadounidense sin el consentimiento explícito de la Casa Blanca.

Luisa Ortega y Fco. José Alonso Rodríguez


El veto de Washington era claro. Sin embargo, la operación siguió adelante bajo la premisa de que los sistemas serían «españolizados» o sustituidos. La denuncia atribuida a Ortega Díaz ante los tribunales norteamericanos apunta a que el negocio no solo vulneró presuntamente estas restricciones, sino que se engrasó mediante el pago de comisiones millonarias desviadas hacia cuentas opacas.
El dilema ético de Luisa Ortega: Entre el miedo y la justicia. La situación de Luisa Ortega Díaz en España es sumamente delicada. Refugiada en el país junto a su esposo, quien actualmente atraviesa un proceso de salud complejo, la exfiscal se encuentra en una encrucijada humana y jurídica. Por un lado, la comodidad y la seguridad de su estatus residencial en España pesan de manera comprensible sobre sus decisiones familiares. Por otro, su condición de servidora de la justicia la ata a un compromiso ineludible con la transparencia.
Desde la propia Oficina de la Liga Española Pro Derechos Humanos, donde se han mantenido conversaciones directas con ella sobre este asunto, el mensaje es nítido: la verdad debe prevalecer por encima de la comodidad personal. El miedo a una eventual expulsión o a represalias políticas no puede secuestrar documentos que evidencian un delito transnacional. La propia Liga Española Pro Derechos Humanos, se ha ofrecido a asumir la responsabilidad de hacer públicos los papeles que Luisa Ortega aún conserva si ella decide dar el paso definitivo, recordando que estos hechos ya fueron notificados en su momento a la Fiscalía General del Estado español sin obtener una respuesta.
«La verdad no se defiende con retórica, sino con pruebas». Frente a la gravedad de estas acusaciones, las miradas también se dirigen hacia la estrategia de defensa de los implicados. Figuras del entorno de la comunicación política y de la gestión de crisis, como Luis Arroyo, portavoz vinculado históricamente a sectores del PSOE y señalado críticamente por sectores de la sociedad civil debido a sus agresivas tácticas de comunicación,(regadas con buenos emolumentos por sus colaboraciones en los medios Públicos del Estado Español) tendrá la difícil tarea de contrarrestar un relato que no solo afecta a la reputación personal de Zapatero y Bono, sino al crédito del propio Estado español.
Un delito de esta envergadura, que mezcla el tráfico de influencias, la violación de embargos tecnológicos y la corrupción de alto nivel, no puede prescribir en el olvido social. La sociedad civil y las organizaciones de derechos humanos exigen que Luisa Ortega Díaz rompa el silencio institucional, libere los archivos y permita que la justicia actúe. Mantener la cabeza gacha ante la corrupción solo cronifica la impunidad de quienes, desde los despachos presidenciales, supuestamente se lucraron a costa de la legalidad internacional.


“Intentar silenciar la verdad, no la hace desaparecer ni se evapora el delito”.

Politólogo. – Sociólogo. – Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. – Centro de Estudios Ateneos. – Premio las Libertades “Rafael del Riego”. Medalla Internacional DD. HH

1º de mayo, cada día más necesario

El Día de Zamora, por Fco.José Alonso Rodríguez, 30 de Abril de 2026.

La celebración del 1 de mayo hay una historia bastante más dura de lo que puede parecer. Durante mucho tiempo, trabajar significaba jornadas larguísimas, sin apenas descanso y con muy pocas normas que protegieran a los trabajadores, sin apenas descanso, y con una explotación del trabajo infantil. No podemos olvidar de dónde vienen los derechos que ahora damos por hechos.

Hoy, la normalización de esta fecha no debe ser sinónimo de complacencia. En un mundo donde la tecnología avanza a ritmos de vértigo, el trabajo, lejos de volverse más humano, parece estar recuperando viejas formas de precariedad bajo disfraces modernos.

El 1 de mayo celebramos el Día Internacional de los Trabajadores. Es una fecha pensada, desde el principio, para dar visibilidad a las reivindicaciones laborales. Las reivindicaciones eran bastante concretas y que eran la de limitar la jornada laboral. Puede sonar hoy como muy poco creíble, pero en el siglo XIX no lo era en absoluto. Había jornadas de trabajo de diez, doce o más horas al día, sin apenas regulación ni descansos y menos vacaciones remuneradas y la gran explotación de la infancia.

Atrás quedaron los días en que la amenaza era solo la fábrica insalubre. Hoy, la precariedad se viste de seda: se llama «economía colaborativa» o «trabajo por objetivos». Bajo el lema de «sé tu propio jefe», miles de trabajadores en todo el mundo carecen de protección social, seguros médicos o estabilidad mínima.

Esta fragmentación del empleo ha creado una nueva clase social: el precariado. Son personas que, a pesar de tener un empleo (o varios), viven en la cuerda floja, incapaces de proyectar un futuro a medio plazo. Reivindicar el 1 de mayo hoy significa denunciar que la flexibilidad no puede ser un eufemismo para el desamparo.

No es una exageración legalista. El Artículo 23 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos es tajante: toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección del mismo, a condiciones equitativas y satisfactorias, y a una remuneración que le asegure una existencia conforme a la dignidad humana.

Cuando un salario no alcanza para cubrir la cesta de la compra o cuando el estrés laboral devora la salud mental, se está violando un derecho fundamental. Un trabajo que despoja al individuo de su tiempo, su salud o su dignidad no es un progreso; es un retroceso civilizatorio.

 La dignidad no es un beneficio extra que la empresa otorga, es el cimiento sobre el cual debe construirse cualquier relación laboral.

Para que este 1 de mayo sea algo más que una efeméride, debemos poner sobre la mesa los temas que definirán las próximas décadas:

La Desconexión Digital: En la era del teletrabajo, la oficina nos persigue en el bolsillo. El derecho a no responder un correo a las diez de la noche es la nueva frontera de la salud laboral.

La Inteligencia Artificial: La automatización no debe ser una sentencia de exclusión, sino una oportunidad para reducir las jornadas y repartir la riqueza de manera más justa.

La Brecha de Género y Cuidados: Sigue siendo necesario reivindicar que los trabajos de cuidados, mayoritariamente feminizados y a menudo invisibles, son el motor que sostiene al resto de la economía.

El 1 de mayo es, en esencia, un recordatorio de que la economía debe estar al servicio de las personas, y no al revés. Movilizarse este día es un acto de respeto hacia quienes nos precedieron en la lucha y una obligación moral hacia las generaciones que heredarán este mercado laboral.

Reivindicar trabajos menos precarios no es un capricho ideológico; es la exigencia de un contrato social que se está resquebrajando. Mientras exista un trabajador cuya jornada no le permita vivir con dignidad, el 1 de mayo seguirá siendo, más que una fiesta, un grito de necesidad.

Politólogo. – Sociólogo. Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. – Centro de Estudios Ateneos. – Premio a las Libertades “Rafael del Riego”.

53 Aniversario Revolución de los Claveles Estuve Allí.

por Fco. José Alonso Rodríguez, 26 de Abril de 2026.

El 23 de abril de 1974 Portugal vivió una explosión de dignidad colectiva, que estos días se está echando en falta. El 25 de abril de 1974 fue un grito de libertad y de dignidad de todo un pueblo que estaba harto de vivir con miedo dentro de una dictadura que duraba ya 49 años. Todo el pueblo salió a la calle para conquistar derechos que le habían quitado, su libertad y su dignidad para vivir en otro Portugal diferente al que hasta entonces conocían.

En las calles – Revolucion de Los Claveles

53 años después las aspiraciones que obligaron a los Capitanes del Movimiento de las Fuerzas Armadas a salir a la calle para conseguir la democracia: la descolonización y el desarrollo de Portugal. Hoy lo que empuja a los portugueses a salir a la calle con protestas diarias y desde todos los sectores profesionales es el desempleo, el aumento de las grandes desigualdades, una pobreza creciente que ralla ya en la mendicidad, el carecimiento de la vivienda, causas muy similares a las que padecemos en España.

Tanquetas en las calles de Lisboa durante la Revolucion de Los Claveles


El pueblo portugués está sufriendo un retroceso social y económico muy peligroso que puede sentirse muy desprotegido como hace 53 años obligó a los Capitanes del 25 de abril a salir a la calle para acabar con esa situación. Hoy de nuevo se está instalando el miedo en la población ante la falta de trabajo, la perdida de empleo, por todo lo que se está dilapidando es el momento de alentar los valores del 25 de abril más que nunca y algunos de esos Capitanes (que viven) ya que las edades pasan de los 80 años, se sienten dispuestos a liderar como entonces un nuevo movimiento que sirva para revertir la situación actual y más que nunca recuperar el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) que idearon.

Capitan José Salgueiro Maya

Quiero este día recordar a mi amigo el Capitán Fernando José Salgueiro Maia. Una persona noble e íntegra como nadie, nunca aceptó ascender sin que fuera por escalafón, solo llegó al grado de Mayor ya que falleció muy joven con 47 años, siempre nos consideramos amigos mucho antes ya del 25 de abril de 1974, ese día estaba pasando unos días en su casa como invitado. Recuerdo que se hizo militar porque su abuelo le dijo que si quería ayudar a los portugueses que ingresara en el Ejército y así lo hizo.
No puedo olvidar la frase del Capitán Fernando Salgueiro Maia que ha quedado para la Historia, cuando la madrugada del 25 de abril de 1974 pronunció ante sus compañeros soldados de la Escuela de Prácticas de Caballería de Santarém: Señores míos, como todos saben, hay diversas modalidades de Estado. Los estados sociales, los corporativos y el estado al que hemos llegado. Así, en esta noche solemne, vamos para Lisboa y acabemos con esto. Quien sea voluntario, que salga y forme. Quien no quiera salir, que se quede aquí. Los 240 hombres formaron de inmediato. Después recorrieron los 100 kilómetros hasta Lisboa. Para acabar con la dictadura. El Capitan Salgueiro Maia nunca acepto ninguna prebenda murió de cáncer en 1992 con el grado de Mayor.


Hay que reconocer a Otelo Saraiva de Carvallo como ideólogo del Movimiento de las Fuerzas Armadas. El personalmente escogió Grandola Vila Morena como contraseña del inicio definitivo de la insurrección del 25 de abril de 1975. Tuve el privilegio de invitar tanto a Otelo como Salgueiro y otros miembros del movimiento de las (FMA) a visitar Madrid como conferenciantes para participar en debates y coloquios.
No hay duda que fueron días de felicidad popular para los portugueses y para todos los que añorábamos la Democracia pues en ese momento vivíamos en Dictadura en España. El Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, escribió por aquellos días que en Lisboa toda la gente habla y nadie duerme.

Soldados Portugueses en la Revolucion de los Claveles

Hay reuniones hasta altas horas de la noche, con luces encendidas hasta la madrugada. Si alguna cosa va a conseguir esta revolución es aumentar la factura de la Luz. La revolución sin duda consiguió mucho más que eso (derechos sociales), libertad, fortalecimiento del sector público que garantizaba un salario digno.
Espero y deseo que Portugal recupere el espíritu del 25 de abril de 1974, como el mejor homenaje a los Capitanes de las FMA que hoy ya no están entre nosotros, que acabaron con la dictadura de Antonio de Olibeira Salar en Portugal y recuperaron la Democracia para un Pueblo.

Fco. José Alonso Rodríguez: Politólogo – Sociólogo , Pte de La Liga Española Pro-Derechos Humanos – Centro de Estudios Ateneos – Centro de Estudios Manuel Azaña – Premio a Las Libertades Rafael del Riego.

14 de Abril 1931-2026

por Fco. José Alonso Rodríguez, 14 de Abril de 2026

El 14 de abril 2026 se han cumplido 95 años desde el 14 de abril 1931 se restauró la II República Española, después de unas Elecciones Municipales donde los partidos monárquicos perdieron en las grandes ciudades. La república vino de la mano de los intelectuales y académicos. Tuvo desde el primer momento una gran oposición de los partidos monárquicos, la iglesia y los movimientos anarquistas. algunos intelectuales dijeron «traemos la republica sin republicanos». No podemos imaginar que hubiera sido de España si hubiera podido desarrollarse sin impedimentos y sin el levantamiento militar que nos llevó a una guerra civil, que es la peor guerra que se puede tener.

El 14 de abril de 1931, España no solo cambió de régimen; cambió de siglo. Las elecciones municipales del 12 de abril, aunque técnicamente no eran un plebiscito sobre la forma de Estado, funcionaron como tal en el imaginario colectivo. El triunfo de las candidaturas republicano-socialistas en 41 de las 50 capitales de provincia fue un mensaje atronador: la monarquía de Alfonso XIII, vinculada al fracaso de la dictadura de Primo de Rivera, había perdido la legitimidad de las ciudades, el corazón palpitante del progreso.
La Segunda República ha sido bautizada a menudo como la «República de los Intelectuales». No es para menos. Figuras como Manuel Azaña, Ortega y Gasset, Gregorio Marañón o Ramón Pérez de Ayala no solo apoyaron el cambio, sino que fueron sus arquitectos morales. España soñaba con ser una democracia europea de primer nivel, y para ello, los académicos creían que la educación era el motor principal.
«La República se trae en los libros antes que en las bayonetas», se escuchaba en los ateneos de la época. Sin embargo, aquí reside una de las singularidades. El propio Ortega y Gasset, poco después de la proclamación, pronunció su famoso y decepcionado «¡No es esto, no es esto!» «traemos la república sin republicanos», refleja el temor de una élite ilustrada que veía cómo la estructura social de España —profundamente agraria, analfabeta y bajo el control de caciques— no estaba preparada para el ritmo vertiginoso de los cambios que ellos proponían desde sus despachos en Madrid.


Para entender qué perdimos, debemos entender qué se intentó. El primer bienio (1931-1933) fue un torbellino de reformas que buscaban sacar a España de un letargo de siglos:
La Reforma Educativa: Se crearon miles de escuelas y se lanzaron las Misiones Pedagógicas. Intelectuales y estudiantes llevaban libros, reproducciones de cuadros del Museo del Prado y teatro (como «La Barraca» de García Lorca) a los pueblos más remotos donde nunca habían visto un cinematógrafo.
La Reforma Agraria: El intento de acabar con el latifundismo que condenaba a millones de campesinos a la miseria en Andalucía y Extremadura. Fue, quizás, el proyecto más necesario y, a la vez, el que generó una oposición más feroz por parte de la oligarquía.
El Voto Femenino: Gracias a la tenacidad de Clara Campoamor, España reconoció el derecho al sufragio de las mujeres en 1931, adelantándose a países como Francia o Italia.
La Cuestión Religiosa: La Constitución de 1931 estableció un Estado laico, lo que supuso un choque frontal con la Iglesia Católica, que hasta entonces controlaba casi en exclusiva la educación y la moral pública.
El Movimiento Anarquista (CNT/FAI): Para los anarquistas, la República no era más que un «Estado burgués» con otro nombre. Su estrategia de «acción directa» y sus constantes insurrecciones socavaron la estabilidad de un gobierno que intentaba hacer cambios por la vía legal y parlamentaria.
El Estamento Militar: Una parte del ejército, de mentalidad africanista y conservadora, nunca aceptó la autoridad de los políticos civiles ni las reformas de Azaña que buscaban modernizar y reducir el excesivo número de oficiales
A 95 años de aquel abril, la Segunda República no debe verse solo como un fracaso que terminó en tragedia, sino como un intento valiente de modernización. Fue el momento en que España decidió que quería dejar de ser un país de siervos para ser un país de ciudadanos.

Politólogo. – Sociólogo. – Presidente Liga Española Pro-Derechos Humanos. – Centro de Estudios Ateneos. – Centro de Estudios Manuel Azaña. – Premio a las Libertades “Rafael del Riego”.

Una Mirada Erudita sobre la Felicidad

El Día de Zamora, por Fco. José Alonso Rodríguez, 12 de Abril de 2026.

La misión Artemisa II nos permitió compartir muy de cerca la última gesta aeronáutica que llevó a cuatro astronautas al espacio. Durante los últimos días que el mundo miró al espacio, se abrió una ventana de esperanza y se sintió como un soplo de aire fresco en medio del horror y la barbarie que se viven en las guerras actuales del Oriente medio.

Los astronautas en medio de situaciones extremas, expresaban sus emociones con espontaneidad dejando frases memorables y sensaciones dignas de ser estudiadas. Una de esas sensaciones fuertes y muy valiosas fue la hermandad, el compañerismo. Una auténtica amistad hizo posible ese trabajo cooperativo. Los vimos alegres y entusiastas en medio de una misión arriesgada y en condiciones vitales muy difíciles. Fuimos testigos de una valiosa experiencia humana de fraternidad, la cual podemos explicar muy bien desde las enseñanzas de Hannah Arendt, filósofa del siglo XX, superviviente del holocausto.

¿Qué es la felicidad? A lo largo de la historia hemos dado muchas definiciones distintas a esta palabra. Quizá en el presente la imaginemos como una suerte de alegría que perdura en el tiempo, equivocadamente asociada a las posesiones materiales o los lujos. La alegría, es una emoción momentánea, la felicidad es algo estable. Para Arendt, su forma más elevada era la “felicidad pública”, una plenitud hallada en la vida activa, en la convivencia sana con los demás y en la acción a felicidad no es un estado interior, privado o una meta solitaria, sino la «felicidad pública«: una experiencia compartida que nace de la acción libre, la participación política y el diálogo con otros en el espacio público. Se entiende como un subproducto de una vida activa y con sentido, no como un fin en sí mismo. 

La percepción que Hannah Arendt tiene para alcanzarla, es la acción política y la pieza clave es la libertad. Para Arendt, la felicidad tiene como ingrediente importante el perdón y la capacidad de reconciliación y convivencia. Sin capacidad de perdonar no puede haber felicidad.

Hannah Arendt nos propone que para ser felices debemos llevar una vida activa. Tenemos que involucrarnos en el mundo en el que vivimos. Debemos tomar parte de la comunidad, de la sociedad, de la vida política. Para ser felices, necesitamos actuar libremente.

Estos sería los puntos clave del pensamiento de Arendt sobre la felicidad:

  • Felicidad Pública: Arendt sostiene que la verdadera felicidad se experimenta al «aparecer ante otros» y participar en la construcción del mundo común,
  • Acción y Libertad: La felicidad está ligada a la capacidad de actuar libremente en la esfera pública, lo cual es distinto de la simple búsqueda de placer individual.
  • Contraria al Aislamiento: El pensamiento central de esta filósofa advierte que la felicidad no se logra en la soledad, sino en la compañía y el compromiso compartido.
  • El Perdón y la Acción:  Arendt encuentra en el perdón una forma de liberar el futuro y mantener la posibilidad de la felicidad pública.

Nos queda como lección valorar la amistad, luchar contra el aislamiento y desarrollar la capacidad de interactuar, compartir, respetar y disfrutar creando a nuestro alrededor un mundo mejor.

Nunca permitamos que brote la semilla del odio, el sectarismo y la intolerancia, hoy las encontramos en Grupos Organizados para apoderando de Instituciones Centenarias (con gran patrimonio) con apoyo de Partidos Políticos para implantar su fanatismo ideológico.

Politólogo. – Sociólogo. – Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. – Federación Internacional Pro Derechos Humanos-España. – Centro de Estudios Ateneos. – Premio las Libertades “Rafael del Riego”.

Juan Martín “El Empecinado”: Símbolo de la Independencia Española.

por Fco. José Alonso Rodríguez, 06 de Abril de 2026.

La historia de las naciones suele escribirse con los nombres de reyes, ministros y generales de alto linaje que, desde la seguridad de sus despachos, trazan mapas y firman tratados. Sin embargo, la verdadera libertad de un pueblo, esa que, si siente en las vísceras y se defiende con la vida, suele brotar de la tierra misma. En el caso de España, esa libertad tuvo un nombre propio que el tiempo y la desmemoria institucional han intentado, sin éxito, desdibujar: Juan Martín Díez “El Empecinado”.
hora que España realice un ejercicio de justicia histórico. No estamos ante un simple guerrillero o un aventurero de fortuna, sino ante el estratega que dinamitó los cimientos del ejército más poderoso del mundo en el siglo XIX y que, paradójicamente, recibió como pago el desprecio de la corona y el nudo de una soga.
“El Empecinado” nació en Castrillo de Duero en 1775, era un hombre de campo, un labrador que conocía los ciclos de la siembra y el rigor del clima castellano. Pero cuando las tropas de Napoleón cruzaron los Pirineos bajo la careta de aliados para convertirse en invasores, algo cambió en él. No fue una decisión política de salón lo que lo empujó a la lucha, sino un profundo sentido de la dignidad y el ultraje.
La violación de una muchacha de su pueblo por parte de un soldado francés fue el detonante. El Empecinado no esperó órdenes de una Junta Suprema que titubeaba en la distancia; tomó su cuchillo, su caballo y su conocimiento del terreno para iniciar una resistencia que cambiaría el curso de la Guerra de la Independencia. Su apodo, “Empecinado” término usado para los naturales de Castillo de Duero por los arroyos llenos de pecina de la zona, se convirtió pronto en sinónimo de una tenacidad que los mariscales franceses nunca pudieron doblegar.
El ingenio de “El Empecinado” residió en comprender que no se podría vencer a Napoleón en campo abierto siguiendo las reglas de la guerra convencional. Él perfeccionó, la guerra de guerrillas. Con un conocimiento absoluto de la geografía y las cuentas del Duero y el Tajo, convirtió cada desfiladero en una trampa y cada noche en una tortura para el invasor.
Desde la victoria en el puente de Auñón hasta la liberación de Guadalajara y su entrada triunfal en Madrid, “El Empecinado” demostró que un ejército de voluntarios, movidos por el patriotismo y liderados por un hombre con carisma y perspectiva, naturalizo a las divisiones de élite francesas. El mismo Napoleón admitió que lo que desangro su imperio, tenía a su cirujano más implacable en el “El Empecinado”.
Lo que diferencio al “El Empecinado” de otros insurgentes fue su capacidad de organización. No lideraba a bandas desordenadas; creo el Regimiento de Voluntarios de Madrid, una fuerza disciplinada que llegó a contar con miles de hombres y que operaba con una eficacia logística asombrosa para los recursos de la época.


La razón por la que hoy no preside cada plaza principal de las Ciudades y Pueblos de España “El Empecinado” con los honores que merece, reside en su integridad política. “El Empecinado” no lucho solo contra los franceses; luchó por la “Constitución de 1812”. Era un liberal convencido que creía que la sangre derramada por el pueblo debía comprar una España de ciudadanos, no de súbditos.
Al regreso de Fernando VII, que resultó ser una de las figuras más nefastas de nuestra historia. “El Empecinado” se mantuvo fiel a sus principios. Mientras otros se arrodillaban ante el absolutismo recuperado, él recordó al rey que el trono se había recuperado gracias al sacrificio de la gente humilde que quería leyes y libertad. Recordemos la frase que le dedica a Fernando VII cuando le ofreció un Título de Nobleza y 1.000.000 de reales, para que se pasara a su lado. Contestando a la oferta de Fernando VII “Si no querías respetar la Constitución no haberla jurado”.
Su lealtad a la Constitución fue su sentencia de muerte. Tras el fracaso del Trienio Liberal y la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis, fue perseguido, capturado y sometido a vejaciones públicas que avergonzarían a cualquier Nación con memoria. En Roa, el hombre que había hecho temblar a los generales de Napoleón fue exhibido en una jaula de hierro, escupido e insultado por aquellos mismos a quienes había liberado, espoleados por un clero y una monarquía de vengativos. Su ejecución en 1825 no fue un acto de justicia, sino un asesinato de Estado contra el símbolo de la libertad española.
España no ha elevado al “El Empecinado” al panteón de los héroes. La respuesta duele; porque su figura recuerda nuestras contradicciones. “El Empecinado” representa la España valiente y constitucional que fue aplastada por el servilismo y las prebendas.
Al “Empecinado” se le debe un reconocimiento nacional que vaya más allá de una estatua aislada o un nombre de calle en un barrio periférico. “El Empecinado” sin títulos nobiliarios ni formación académica militar, comprendió antes que nadie que la patria no es un rey, sino la voluntad de sus gentes de no ser esclavos de nadie, ni de un emperador extranjero ni de un tirano local.
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Juan Martín Díez “El Empecinado”, murió gritando libertad, intentando romper sus cadenas. Hoy su memoria es el silencio y el olvido. Un país que no honra a sus héroes más íntegros está condenado a repetir los errores de su pasado.
Es hora que los libros de texto, los actos oficiales y el imaginario colectivo devuelvan a Juan Martín Diez “El Empecinado” el lugar de honor que se ganó a sangre y fuero. No por nostalgia del pasado, sino para que las generaciones futuras sepan que, cuando todo parece perdido y el invasor pisa tierra, siempre habrá un «Empecinado” dispuesto a recordar que la dignidad de un pueblo es innegociable. “Justicia para Juan Martin; Honor para el Empecinado”.

El 23 de abril celebramos en Dia de la Comunidad de Castilla y León, en las eras de Villalar de los Comuneros, el primer Villalar lo celebramos el 25 de abril de 1976 (domingo), este año celebramos el 51 aniversario. (1976-2026)
Un grupo reducido acudimos a honrar y recordar la gesta de Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, hoy nos sentimos satisfechos que sirviera de semilla para que lleguemos al 51 aniversario.
Es de Justicia agradecer al primer Gobierno de la Comunidad Presidido por Demetrio Madrid, que aprobó que el 23 de abril fuera el día de la Comunicad. Pretendemos que este año sea a la memoria de nuestro Héroe Olvidado Juan Martín Díez “El Empecinado”, que siendo Gobernador Militar de Zamora, organizo una expedición en busca de los restos de Juan Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado.


Politólogo. -Sociólogo. – Premio a la Libertades «Rafael del Riego» -Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. – Centro de Estudios Ateneos. – Ateneo Cultural Villalar – Círculo Cultural Juan Martín El Empecinado Comunidad de Madrid.

Comunicado de La Liga Española Pro-Derechos Humanos – Conflicto en Irán

La Liga Española Pro Derechos Humanos, ante la evolución del conflicto armado en Irán y el incremento de la tensión en el escenario internacional, desea expresar su profunda preocupación por las consecuencias humanitarias, sociales y políticas derivadas de toda escalada bélica.
En coherencia con sus principios fundacionales y con los valores recogidos en el Derecho Internacional y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, esta entidad considera que España debe preservar una posición de neutralidad responsable y constructiva, orientada a la promoción activa del diálogo, la cooperación internacional y la búsqueda de soluciones pacíficas y duraderas.

La experiencia histórica pone de manifiesto que los conflictos armados generan graves vulneraciones de los derechos fundamentales, afectan de manera especialmente dramática a la población civil y comprometen la estabilidad de regiones enteras durante generaciones. Por ello, entendemos que el compromiso con la paz constituye una obligación ética, jurídica y política para las sociedades democráticas.
La neutralidad, entendida como instrumento de prudencia institucional y de compromiso con la convivencia internacional, permite a los Estados contribuir de forma efectiva a los esfuerzos de mediación, a la asistencia humanitaria y al fortalecimiento de los marcos multilaterales destinados a la resolución de controversias por vías diplomáticas.
La Liga Española Pro Derechos Humanos hace un llamamiento a las autoridades públicas, a las organizaciones sociales y a la comunidad internacional para intensificar las iniciativas orientadas a la desescalada del conflicto y a la protección de la dignidad humana en todas las circunstancias.
Reafirmamos, finalmente, que la paz sigue siendo el fundamento imprescindible para la convivencia entre los pueblos, el respeto a la diversidad y la garantía efectiva de los derechos humanos.
Los Estados están obligados a cumplir con los compromisos que tengan firmados para su defensa con otros Estados, cuando se vean amenazados ellos o los otros País


Madrid 12 marzo 2026 – Luis Ruiz de Góngora – Prensa

8 M la fuerza Transformadora de la Igualdad

El Día de Zamora, por Fco. José Alonso Rodríguez, 08 de Marzo de 2026.

Los derechos de las mujeres se han ido ganando lentamente, fruto de luchas sostenidas frente a una sociedad históricamente estructurada sobre una división rígida de roles: los femeninos, ligados al hogar y la maternidad; los masculinos, asociados a la provisión económica, la política, el ámbito laboral o religioso. Cuando las mujeres participaron en el mundo laboral, sus tareas fueron consideradas secundarias. Los médicos, por ejemplo, eran generalmente varones; las mujeres, enfermeras. En el ámbito religioso ocurre algo similar, aún hoy en día, los sacerdotes católicos son hombres, mientras que las mujeres que desempeñan labores eclesiales lo hacen como monjas o servidoras, en posiciones subordinadas.

El Feminismo es el movimiento social que, según la Real Academia Española, promueve la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, de acuerdo con la ONU, es la lucha por la equidad de género y sostiene que ningún ser humano puede ser privado de sus derechos en virtud de su sexo. Más allá de estas definiciones institucionales, el Feminismo representa una toma de conciencia frente a estructuras sociales profundamente androcéntricas que han favorecido la desigualdad.

Sus orígenes modernos se remontan a finales del siglo XVIII, con la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana en la Francia revolucionaria. Desde entonces, ha evolucionado en sus postulados filosóficos, políticos y económicos, ha mantenido el propósito constante de procurar la igualdad a todos los niveles: salarial, jurídico, laboral, promueve la autonomía personal y brinda protección frente al machismo derivado de sociedades estructuradas sobre la supremacía masculina.

El derecho al sufragio femenino fue una de sus banderas más significativas del Feminismo a nivel mundial. En España, liderado por Clara Campoamor, se ejerció por primera vez en las elecciones de 1933. Este derecho se perdería con la Guerra Civil y la posterior dictadura franquista, y no se recuperaría plenamente hasta 1977, durante la transición democrática. Desde entonces, son muchos los campos en los que la mujer ha irrumpido aportando capacidad, esfuerzo y talento, realizando una contribución decisiva al desarrollo social en todos los ámbitos.

La igualdad de derechos de las mujeres no es hoy una aspiración abstracta ni una consigna ideológica. Está respaldada por instrumentos jurídicos internacionales como la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), asumida por la ONU en 1979, obliga a los a Estados miembros a garantizar la igualdad sustantiva en la vida política, económica, social y familiar, superando estereotipos culturales y barreras estructurales. La existencia de estos marcos normativos demuestra que la igualdad no es una moda cultural, sino un compromiso democrático y jurídico asumido por la comunidad internacional.

Como defensor de los Derechos Humanos, no puedo entender el Feminismo como una reivindicación sectorial, o como una disputa cultural entre hombres y mujeres. Se trata de una cuestión de justicia democrática. Cuando una sociedad limita las oportunidades de la mitad de su población o relativiza la violencia que la afecta, no estamos ante un debate ideológico, sino ante una vulneración de derechos fundamentales.

Sin embargo, estamos lejos de alcanzar una igualdad real en lo laboral, lo salarial y en la protección frente a la violencia. La desigualdad continúa siendo notoria. Basta recordar lo ocurrido recientemente en la gala de los Premios Goya, donde Alauda Ruiz de Azúa se convirtió en apenas la cuarta mujer en recibir el premio a mejor dirección en cuatro décadas de historia del galardón. La directora lo expresó con claridad en su discurso: “El talento no conoce de géneros, las oportunidades

sí”. La frase resume una realidad persistente: el acceso a los espacios de reconocimiento y poder sigue marcado por brechas estructurales.

Al Feminismo se oponen diversas ideologías que niegan o minimizan la violencia machista y cuestionan las políticas de igualdad. Algunas de estas corrientes apelan a una nostálgica idealización del pasado y encuentran en las redes sociales un terreno fértil de difusión. Allí ha cobrado fuerza el fenómeno de las tradwives (abreviatura de traditional wives), influencers que promueven un modelo de feminidad inspirado en los años cincuenta: mujeres dedicadas exclusivamente al hogar, estéticamente impecables, rodeadas de hijos encantadores y alejadas del mundo laboral. Este imaginario doméstico, presentado como una elección libre y sofisticada, omite deliberadamente el contexto histórico de dependencia económica, limitación jurídica y subordinación estructural que caracterizó ese periodo.

Conviene recordar que esa representación no agota, ni ha agotado nunca, las múltiples formas de ser mujer en Occidente. La feminidad no es un molde único ni una escenografía doméstica cuidadosamente curada para las redes sociales. Es también la mujer profesional que dirige una empresa, la científica que investiga, la artista que crea, la académica que enseña, la madre que combina crianza y trabajo, la mujer que decide no ser madre, la que elige el ámbito público, la que opta por el privado o la que transita ambos. La historia reciente de las democracias occidentales muestra precisamente esa pluralidad: la ampliación de opciones vitales como signo de libertad, no la reducción a un único ideal estético o funcional.

El Feminismo no compite con la feminidad. La maternidad no está desligada del desarrollo personal ni de la participación activa en la vida pública. Miles de mujeres insertadas en el mundo laboral actual lo demuestran cada día. Lo que el Feminismo cuestiona no es la elección individual de un proyecto de vida, sino la imposición social de un único modelo válido.

A esas corrientes ideológicas debería quedarles claro que los derechos largamente luchados y difícilmente conquistados no pueden retroceder ante ideología extremistas o ideales románticos del pasado, enmarcadas en narrativas edulcoradas que desconocen la historia. Los derechos no son tendencias culturales reversibles: son garantías democráticas.

Defender los derechos de las mujeres no es una concesión ni un gesto de simpatía: es una obligación ética y jurídica en cualquier democracia que se pretenda coherente

Politólogo.-Sociólogo. «El IV Comunero»- Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos.- Centro de Estudios Ateneos