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Ceuta bajo la tenaza de Rabat

El Distrito, por Fco. José Alonso Rodríguez, 04 de Agosto de 2026

Lo sucedido en la ciudad autónoma de Ceuta no puede explicarse bajo el cómodo matiz de una «crisis migratoria fortuita» ni como el mero colapso de una frontera maltrecha. La irrupción multitudinaria a través de los espigones fronterizos constituyó una auténtica operación de guerra híbrida.

Diseñada en los despachos de mayor poder de Marruecos, orquestada directamente por el Palacio Real y ejecutada por el círculo de máxima confianza del monarca alauí, la maniobra buscó dinamitar la soberanía española en el norte de África para enviar un mensaje diáfano a Madrid: España está sujeta a los dictados, tiempos e intereses de Rabat.

El uso de miles de personas como ariete geopolítico refleja la frialdad con la que Rabat instrumentaliza el factor humano. Al levantar pasivamente la vigilancia fronteriza y alimentar falsas promesas entre su propia población para incentivar el cruce masivo, la cúpula marroquí buscó asfixiar a las instituciones españolas, forzando un chantaje directo ante los ojos de la Unión Europea.

La pasividad o la tibieza diplomática ante un desafío de este calibre no solo socava la dignidad de un Estado soberano, sino que invita a futuras agresiones de mayor calado. España no puede permitir que este acto de coerción transcurra sin una respuesta formal, contundente y con consecuencias diplomáticas duraderas.

Mientras la diplomacia oficial titubea en despachos alejados, la realidad en las calles ceutíes muestra la vertiente más cruda y peligrosa de esta estrategia deliberada. La presencia del Ejército de Tierra —con unidades de la Legión y Regulares al frente— ha resultado determinante para evitar el colapso definitivo de la ciudad, aunque el escenario sobre el terreno dista mucho de estar controlado.

Entre batidas constantes por montes, barrancos y playas de las afueras, los militares patrullan zonas neurálgicas como El Príncipe o la barriada Juan Carlos I, buscando identificar y reconducir a la frontera a miles de personas que vagan sin rumbo o se ocultan tras el colapso total del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI).

Aunque el Ejecutivo autonómico cifra cerca de 5.000 los que aún permanecen de forma ilegal, estimaciones de mandos sobre el terreno sugieren que el volumen de entradas inicial superó con creces los datos oficiales, alcanzando cifras astronómicas para una ciudad con poco más de 80.000 habitantes.

«El que vino engañado el pasado jueves, el que vio el panorama y entendió lo que pasaba, ya se ha vuelto», relata un legionario que participa en los dispositivos de interceptación. «Aquí han quedado los perfiles más peligrosos. Entre los subsaharianos que se hacinan en playas como El Trampolín se han camuflado magrebíes que venían directamente de cumplir condena o de prisiones de su país».

El testimonio militar cobra especial gravedad al constatarse la incautación de al menos tres armas de fuego durante las batidas. Las tropas advierten de la presencia de individuos que han roto cercos policiales a la carrera y que presentan señales físicas o marcas coincidentes con antiguos reclusos.

La amenaza de saqueos e incidentes violentos ha obligado a desplegar efectivos armados a las puertas de grandes supermercados y cajeros automáticos, cuyos cierres de seguridad reflejan el clima de tensión contenidos que se respira fuera del centro urbano.

La entrega del estamento militar contrasta drásticamente con la precariedad con la que están afrontando este despliegue de emergencia. Soldados que han tenido que interrumpir bruscamente sus descansos para acudir al rescate de Ceuta denuncian jornadas extenuantes, durmiendo apenas una o dos horas en el interior de los propios camiones de transporte y alimentándose a base de raciones mínimas compuestas únicamente por bollos de pan y latas de atún. Una logística deficiente que subraya la improvisación institucional frente a una amenaza meticulosamente planificada al otro lado de la valla.

La crisis de Ceuta demuestra que la vulnerabilidad de España no radica en la capacidad operativa de sus Fuerzas y Cuerpos de Seguridad ni de sus Fuerzas Armadas, sino en la falta de determinación política para señalar la autoría intelectual del conflicto. La apertura de las fronteras no fue un descontrol fortuito, sino una orden política directa gestada en el Palacio marroquí para tensar la cuerda estratégica con Madrid.

Si la respuesta española se limita a gestionar las devoluciones de manera tibia mientras sus militares custodian supermercados y peinan montes en condiciones deplorables, el mensaje enviado a Rabat será de debilidad. España está obligada a desplegar un contraataque diplomático y geopolítico firme que deje claro que el respeto a las fronteras y a las ciudades autónomas no es un objeto de negociación ni un tablero de chantaje al servicio de los intereses marroquíes.

Politólogo. – Sociólogo. – Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. – Centro de Estudios Ateneos. – Premio a las Libertades “Rafael del Riego”. Medalla Internacional DD.HH.

El Congreso de EE.UU. respalda la tesis de Marruecos sobre Ceuta y Melilla

El Día de Zamora, por Fco. José Alonso Rodríguez, 03 de Agosto de 2026.

En un movimiento de profundas implicaciones para la diplomacia europea y transatlántica, la Comisión de Asignaciones de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos ha emitido un informe presupuestario que rompe abiertamente con el consenso histórico sobre la soberanía española en el Norte de África. El documento oficial señala de forma explícita que las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla se encuentran situadas en «territorio marroquí», avalando simultáneamente la intervención del secretario de Estado para facilitar un diálogo bilateral entre Madrid y Rabat orientado a redefinir su estatus territorial.

Esta postura, adoptada formalmente por primera vez por el poder legislativo estadounidense, ha quedado integrada dentro de la ley de gastos de Seguridad Nacional, del Departamento de Estado y programas conexos para el ejercicio fiscal 2027. La legislación fue aprobada por una ajustada mayoría de 217 votos frente a 209, contando con el respaldo prácticamente unánime del Partido Republicano. La iniciativa legislativa ha sido impulsada de manera determinante por el congresista floridano Mario Díaz-Balart, (de ascendencia cubana) figura influyente y estrecho aliado político de altos cargos de la administración estadounidense.

El informe no solo respalda el discurso territorial de Rabat sobre las dos plazas españolas, sino que además garantiza una asignación financiera directa, destinada a la seguridad e integración militar de Marruecos. Paralelamente, analistas de influyentes centros de pensamiento conservadores norteamericanos han sugerido abiertamente la necesidad de calificar a las ciudades españolas como «territorios ocupados», proponiendo utilizar a la diplomacia alauita como contrapeso estratégico frente a una España a la que califican de socio impredecible.

«Las ciudades administradas por España están situadas en territorio marroquí. Se respaldan los esfuerzos diplomáticos para facilitar una negociación entre Rabat y Madrid sobre su futuro estatus. 

Esta postura del Congreso no resulta aislada, sino que se alinea estrechamente con las recientes declaraciones del presidente Donald Trump y su retórica revisionista en política exterior. En intervenciones públicas previas, el mandatario estadounidense ha aludido repetidamente al «Desastre del 98» y a la pérdida de las antiguas colonias españolas de ultramar —Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam— como antecedentes históricos, vinculándolos a las exigencias actuales de mayor aportación en materia de defensa a los aliados de la OTAN.

El marco doctrinario de la actual Casa Blanca reivindica de manera explícita el legado del presidente William McKinley y el modelo de proyección geopolítica basado en la presión comercial y arancelaria. La diplomacia estadounidense rescata además de forma constante la alianza bilateral suscrita con Marruecos en el Tratado de Paz y Amistad de 1786, el más antiguo en vigor de Washington, para justificar la primacía de su alianza estratégica en el norte de África, aun a costa de lesionar los intereses soberanos de un socio europeo tradicional.

Cronología reciente de concesiones diplomáticas

  • Diciembre 2020: EE.UU. reconoce la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental dentro de los Acuerdos de Abraham.
  • Marzo 2022: Giro histórico del Gobierno español considerando el plan de autonomía marroquí como «la base más seria y realista».
  • Octubre 2025: El Consejo de Seguridad de la ONU consagra el plan de autonomía marroquí impulsado por EE.UU.
  • Julio 2026: El Congreso de EE.UU. catalogó formalmente por escrito a Ceuta y Melilla como «territorio marroquí».

La consolidación de las pretensiones territorialistas de Marruecos encuentra su antecedente inmediato en la cuestión del Sáhara Occidental. Tras el giro diplomático efectuado por la Casa Blanca al término del primer mandato de Trump, el Ejecutivo español modificó en 2022 la posición neutral sostenida por España durante casi medio siglo.

Aquella concesión española, efectuada mediante carta al monarca Mohamed VI y sin refrendo previo del Congreso de los Diputados, buscaba aplacar las presiones migratorias y fronterizas en el norte de África. Sin embargo, los hechos recientes evidencian que el cambio de postura no ha neutralizado las ambiciones de Rabat sobre Ceuta y Melilla, sino que ha desplazado la presión diplomática e ideológica hacia las fronteras europeas en el continente africano.

El respaldo explícito del Capitolio norteamericano deja a la política exterior española en una posición de notable fragilidad. Tras episodios de fricción diplomática como la crisis del peñón de Perejil en 2002 o las recientes avalanchas migratorias en Ceuta, Marruecos ha logrado afianzar un relato internacional que cuestiona la integridad territorial española con el aval explícito de la principal potencia bélica y diplomática del mundo.

A medida que se afianzan los vínculos militares, comerciales y geopolíticos entre Washington y Rabat de cara al próximo cuarto de siglo, España enfrenta el reto de reformular su estrategia internacional en un contexto en el que sus fronteras soberanas son objeto de discusión en los centros de decisión norteamericanos.

La postura del Gobierno de España de no convocar unas Elecciones Generales, ante la crisis permanente que nos está llevando desde su llegada a la Presidencia de gobierno Pedro Sancez (sin deslegitimar sus derechos Constituciones. Es un permanente y peligroso daño que esta causando a España).

Politólogo. – Sociólogo. – Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. – Centro de Estudios Ateneos. – Premio a las Libertades “Rafael del Riego”. – Medalla Internacional DD.HH.

El Dolor de un país y la Grandeza de su gente

Por Francisco Jose Alonso Rodríguez, 31 de Junio de 2026.

La historia de Venezuela parece ensañarse con su geografía, pero si algo queda claro en medio del dolor provocado por el catastrófico doble terremoto en el norte del país y las graves inundaciones occidentales, es que el verdadero motor de salvación no viste uniforme oficial ni maneja presupuestos públicos. Hoy por hoy, es el ciudadano de a pie —el vecino, el mototaxista, el voluntario improvisado— quien está llevando sobre sus hombros el peso absoluto de los rescates. Ante una tragedia de dimensiones tan descomunales, la solidaridad popular ha tenido que suplantar la dramática ausencia de su Gobierno.

Cuando la tierra crujió en Caracas, La Guaira y las zonas aledañas, no hubo un despliegue inmediato e institucional capaz de mitigar el caos. La realidad logística del país es implacable: no existen suficientes ambulancias operativas, camiones de bomberos dotados ni herramientas técnicas pesadas en manos del Estado para abordar un colapso de esta magnitud. Llegar al epicentro de los derrumbes a tiempo a través de canales institucionales es una utopía. En las primeras horas críticas —esas donde se decide la vida o la muerte bajo el concreto—, lo que se escuchó no fue el eco de los protocolos gubernamentales, sino los gritos de miles de civiles removiendo escombros con sus propias manos, organizando cadenas humanas para mover rocas y abriendo caminos a pura fuerza de voluntad.

Mientras las familias lloran a sus fallecidos y buscan desesperadamente a los desaparecidos entre la precariedad más absoluta, la narrativa gubernamental intenta, una vez más, maquillar las grietas de su propia ineficiencia. Hablan de planes de contingencia y despliegues perfectos, pero las comunidades afectadas denuncian lo obvio en el terreno: el gobierno, sencillamente, no está a la altura de su pueblo. Décadas de desinversión en infraestructura médica, desmantelamiento de los cuerpos de protección civil locales y la falta crónica de recursos básicos han dejado al país en una vulnerabilidad extrema frente a la naturaleza.
El coraje de los venezolanos es indiscutible.

En cuestión de minutos se armaron convoyes ciudadanos repletos de agua, comida y medicamentos recolectados por civiles para enviarlos a los sectores más golpeados. Son los propios jóvenes de las barriadas quienes arriesgan sus vidas ingresando a estructuras inestables, guiados únicamente por el amor al prójimo y la urgencia de no dejar a nadie atrás.
Nadie planifica un desastre de esta escala, pero la respuesta ante él mide la estatura moral de quienes gobiernan.

Una vez más, el saldo es trágico y desigual. El Estado venezolano ha quedado retratado en su incapacidad y pasividad, mientras que la ciudadanía ha vuelto a demostrar una dignidad inquebrantable. En Venezuela, la fe y la supervivencia no dependen de un ministerio; dependen del vecino. Una verdad dolorosa, pero innegable: hoy, solo el pueblo salva al pueblo


Politólogo. – Sociólogo. – Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. – Premio las Libertades “Rafael del Riego”. – Medalla de 1ª Clase Francisco de Miranda. (30 junio 2026)

Una República y un mismo destino trágico: Alcalá-Zamora y Azaña

por Fco. José Alonso Rodríguez, 29 de Junio de 2026.

La Segunda República Española (1931-1939) fue un proyecto de modernización colosal que acabó devorado por la polarización y la violencia. Al frente de aquel Estado democrático solo estuvieron dos hombres como presidentes de la República: Niceto Alcalá-Zamora (1931-1936) y Manuel Azaña (1936-1939). A pesar de encarnar culturas políticas opuestas y de profesar visiones muy distintas sobre cómo debía transformarse el país, compartieron dos rasgos inquebrantables que definieron sus vidas: un profundísimo amor por España y un rechazo absoluto, casi visceral, a la guerra civil.Las discrepancias entre ambos nacían de sus propios orígenes. Niceto Alcalá-Zamora era la encarnación del centrismo liberal y católico. Terrateniente andaluz y antiguo ministro de la monarquía de Alfonso XIII, su llegada al republicanismo fue el resultado de una evolución legalista. Para don Niceto, la República debía ser una casa común, templada y de orden, capaz de atraer a las clases medias y a los sectores conservadores sin asustar a la Iglesia.

Su estilo era legalista, parsimonioso y profundamente apegado al equilibrio institucional.Manuel Azaña, por el contrario, era el alma de la intelectualidad reformista y laica. Escritor brillante y de verbo afilado, entendía la República no como un mero cambio de gobierno, sino como una revolución cultural y social indispensable. Azaña creía que España no saldría del atraso sin una separación tajante entre la Iglesia y el Estado, y sin una reforma profunda del Ejército y de la propiedad de la tierra. Su republicanismo era jacobino, audaz y, a ojos de sus detractores, peligrosamente inflexible. Mientras Alcalá-Zamora buscaba frenar el ritmo para no romper el país, Azaña aceleraba porque temía que el tren del progreso perdiera su oportunidad histórica.Más allá de sus choques políticos —que culminaron con la destitución de Alcalá-Zamora por las Cortes en 1936—, las raíces que los unían eran idénticas. Ambos amaban a España con una devoción intelectual y afectiva desbordante. No era el patriotismo de charretera y desfile, sino el dolorido sentir por una patria rota que compartían los hombres de la Generación del 98.

Deseaban una España culta, europea, libre de caciques y respetada en el mundo.Pero donde su sintonía se vuelve trágica y luminosa es en su rechazo absoluto a la guerra. Ninguno de los dos creyó jamás que las ideas debían imponerse a sangre y fuego. Alcalá-Zamora, destituido meses antes del golpe de Estado de julio de 1936, contempló el estallido del conflicto desde el exilio con el corazón destrozado. Rechazó apoyar a los sublevados, pero se negó en rotundo a justificar la violencia revolucionaria que se desató en la zona republicana.

Prefirió la pobreza del destierro antes que validar la carnicería entre compatriotas. Azaña, atrapado en la presidencia durante toda la contienda, vivió un auténtico calvario. Desde su despacho oficial, intentó desesperadamente buscar la mediación internacional para detener la guerra. Su discurso de julio de 1938, en el Ayuntamiento de Barcelona, es el testamento definitivo de su pacifismo. Lejos de lanzar proclamas de victoria o venganza, pronunció aquellas palabras que resuenan en la historia: «Paz, piedad y perdón». Para Azaña, la guerra no era un triunfo, sino una derrota colectiva; ganar una guerra civil, decía, no era una gloria, sino una inmensa desgracia patria.El destino los equiparó en la derrota. Ambos murieron en el exilio, despojados de todo, pero firmes en sus principios. Alcalá-Zamora falleció en Buenos Aires en 1949, añorando su tierra. Azaña lo hizo en Montauban (Francia) en 1940; cuenta la leyenda que, al morir, su féretro fue cubierto con la bandera mexicana porque las autoridades francesas prohibieron la republicana, pero su verdadero sudario fue el dolor por España. Dos presidentes, dos visiones, pero un solo corazón que se negó a aceptar que la única solución para los problemas de su patria fuera el odio y las trincheras.

“Quienes no respetan y defienden su historia, pierden y desprecian su futuro”.

Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. – Centro de Estudios Manuel Azaña. – Premio a las Libertades “Rafael del Riego”. -Medalla Internacional DD. HH.

El Dilema de José Luis Rodriguez Zapatero?

Por Fco. José Alonso Rodríguez, 29 Junio de 2026.

El concepto de la nobleza y la dignidad humana no se mide en los momentos de gloria, sino en la capacidad de asumir la responsabilidad de los propios actos. A lo largo de la historia, la verdadera grandeza ha pertenecido a aquellos hombres y mujeres que, ante el error o la transgresión, han plantado cara a las consecuencias con el pecho descubierto y la verdad por delante. En el extremo opuesto de este ideal de honorabilidad se encuentra una de las figuras más perjudiciales para la salud democrática y moral de una sociedad: el delincuente de cuello blanco.
A diferencia del infractor común, el delincuente de guante blanco no opera desde la marginalidad ni la desesperación; lo hace desde las altas esferas del poder, la influencia y el privilegio. Sin embargo, cuando sus redes de corrupción, tráfico de influencias o desfalco quedan al descubierto, raras veces se observa en ellos un ápice de la valentía necesaria para reconocer el daño causado. Al contrario, es en ese preciso instante de rendición de cuentas donde se manifiesta su profunda cobardía, transmutada en una intrincada estrategia de supervivencia jurídica y evasión moral.
El modus operandi del corrupto de élite no es la confrontación, sino el camuflaje. Para evitar el oprobio y las penas que en justicia le corresponden, despliega un arsenal de argucias judiciales, tecnicismos procesales y dilaciones indebidas. La ley, que debería ser un instrumento de equidad, es retorcida por bufetes de gran prestigio para encontrar lagunas, prescripciones y vicios de forma que entierren el fondo del asunto: el delito mismo. El objetivo no es demostrar la inocencia real —pues la conciencia del hecho cometido es plena—, sino construir una armadura burocrática que impida que la verdad salga a la luz. Es la cobardía institucionalizada, donde el culpable se esconde detrás de folios y recursos para no mirar de frente a la sociedad a la que ha traicionado.
Esta estrategia de evasión alcanza su punto más crítico cuando busca amparo en la subjetividad del estamento judicial. El delincuente de cuello blanco sabe que las leyes son interpretadas por seres humanos y, por ello, intenta activamente alinearse con jueces y magistrados con los que comparte afinidades ideológicas o intereses creados. Al apelar a esa subjetividad compartida, el infractor no busca justicia, sino complicidad velada. Espera que el sesgo ideológico actúe como un filtro atenuante que desvíe la severidad de la norma, transformando un acto inequívocamente delictivo en una mera «discrepancia administrativa» o en una «persecución política». Esta instrumentalización de la justicia hiere de muerte la confianza pública en las instituciones, haciendo parecer que la ley solo es implacable con los desfavorecidos.
Frente a esta degradación del deber, la historia y la memoria colectiva nos recuerdan a aquellos hombres dignos que prefirieron perder la vida o la libertad antes que comprometer su honor. Figuras que entendieron que la defensa de los principios está por encima de la comodidad personal y que la ley se respeta acatando sus dictados, no engañándola. La nobleza radica en la coherencia entre lo que se predica y lo que se ejerce.
Por desgracia, el panorama político actual ofrece ejemplos donde esa coherencia brilla por su ausencia. Es el caso del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, quien con frecuencia ha pregonado una máxima según la cual, como socialista, se debe pedir poco y dar mucho. Sin embargo, en el contexto actual, sus posiciones y silencios frente a desmanes políticos y éticos no hacen honor a esas palabras tan repetidas. En lugar de erigirse en un faro de rectitud y exigir la máxima transparencia y asunción de responsabilidades dentro de su órbita y en el escenario internacional, se percibe un alineamiento con discursos que relativizan la gravedad de ciertas acciones o que buscan acomodo en la letra pequeña de la legalidad.
Un liderazgo que se pretenda ético no puede escudarse en la ambigüedad ni avalar indirectamente que se intente engañar a la ley. Quien ha ostentado la más alta representación de un Estado debería aprender de aquellos referentes históricos que dieron su vida por la dignidad, demostrando que el verdadero valor se demuestra sosteniendo la mirada a la verdad, sin subterfugios ni magistraturas afines. La historia, al final, despoja los trajes de cuello blanco y solo conserva el recuerdo de quienes actuaron con auténtica rectitud.
Jose Luis Rodríguez Zapatero solo te queda ser o no ser Honorable y Digno y no tener miedo a la Justicia que juzgue tus delitos si los hubieras cometido y no escudarse que esos delitos sean declarados prescritos. No olvides que el delito es delito y debes hacer frente a tus actos si quieres ser recordado como un hombre honrado y digno.

Fco. José Alonso Rodríguez – Politólogo. – Sociólogo. -Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. – Centro de Estudios Ateneos. – Premio a las Libertades “Rafael del Riego”.,

José Ignacio Moratinos «El Empecinado» – Coordinador Liga Española Pro Derechos Humanos.- Secretario General Ateneo Cultural Villalar.- Presidente Nacional Círculo Cultural El Empecinado.

Reflexiones sobre la visita de León XIV

El Distrito, El Día de Zamora, por Fco. José Alonso Rodríguez, 08 de Junio de 2026

España vive hoy en un estado de permanente combustión política. La polarización interna ha dejado de ser una estrategia electoral para convertirse en el aire cotidiano que respira la sociedad; una atmósfera enrarecida donde el adversario no es alguien con quien debatir, sino un enemigo al que batir. En este escenario de trincheras ideológicas y puentes rotos, la inminente visita del Papa León XIV a suelo español se presenta no solo como un acontecimiento de indudable relevancia institucional, sino como una oportunidad excepcional para la introspección colectiva. Cabe esperar, con sincero optimismo, que la presencia del Pontífice actúe como un bálsamo que remanse las mentes y los ánimos de los españoles, devolviendo al diálogo, al consenso y a la concordia el lugar central que nunca debió haberse perdido en nuestra vida pública.

Tratar los asuntos de religión en el espacio público requiere, sin duda, una finura extrema. La historia es un testigo implacable: los asuntos de fe, cuando se instrumentalizan o se radicalizan, son de una delicadeza absoluta. No podemos olvidar que las guerras de religión ensangrentaron Europa durante siglos, dejando cicatrices profundas en el viejo continente a causa del dogmatismo y la intolerancia. Precisamente por ese pasado gravoso, el papel del Papado en el siglo XXI se entiende desde una perspectiva muy distinta, fundamentada en una doble dimensión bien definida.

Por un lado, el Papa opera como jefe de un Estado soberano en el plano diplomático; por el otro, y de manera mucho más significativa, ejerce una dimensión espiritual que se sustenta en un liderazgo moral indiscutible, derivado de la propia condición de su ministerio. Este liderazgo moral no se impone por la fuerza de los decretos, sino que se gana a través de la coherencia. En los tiempos actuales, carece de valor pregonar una fe si los actos individuales e institucionales no avalan esas palabras. La ejemplaridad es el único patrimonio real de la autoridad moral.

Este principio de coherencia establece un paralelismo directo y fascinante con la salud de los sistemas políticos modernos. Con la Democracia ocurre algo muy parecido: no basta con proclamarse demócrata, ni con llenar los discursos de retórica institucional si las prácticas diarias vacían de contenido las leyes y erosionan la convivencia. Al igual que la fe sin obras es un armazón vacío, la democracia sin un comportamiento ético, respetuoso y dialogante por parte de sus actores se convierte en una mera fachada formal. Ambas realidades, la espiritual y la civil, se sostienen sobre el mismo pilar: la confianza que generan las conductas íntegras.

Mirando hacia el propio retrovisor histórico de España, emerge una figura cuya memoria se hace hoy más necesaria que nunca: el Cardenal Vicente Enrique y Tarancón. Nadie en nuestro país debería olvidar su papel crucial durante los años difíciles y magnéticos de la Transición. Tarancón no fue simplemente un dignatario de la Iglesia; su figura eclesiástica trascendió por completo los límites de la institución para convertirse en un referente nacional que imprimía un profundo respeto.

Su fuerza no emanaba del poder político, sino de su inquebrantable dignidad moral frente a los desmanes, las tensiones y las profundas incertidumbres que se vivían en la España de aquel momento. Tarancón entendió con lucidez que la Iglesia debía ser un puente y no una muralla, un espacio de reconciliación para todos los españoles, independientemente de su credo o su ideología. Supo retirar a la institución de la primera línea del combate político para situarla en el terreno del arbitraje moral y el apaciguamiento. Su célebre frase «Taracon al paredón», coreada por los sectores más extremistas de la época, es el mejor testimonio de cómo la moderación suele ser el blanco de quienes rechazan la paz social.

La llegada de León XIV a una España tan fragmentada nos obliga a reclamar ese espíritu taranconiano de altitud de miras. Es evidente que una visita papal no va a resolver por arte de magia los complejos problemas estructurales, económicos o políticos del país. Sería ingenuo pensarlo. Sin embargo, en la alta política y en la psicología de las masas, los símbolos importan, y mucho. Esperemos que la visita del Papa aporte, al menos, una cierta idea de tregua, aunque esta tenga un carácter inicialmentente simbólico. Una tregua verbal, un respiro en el insulto diario, un alto el fuego en la crispación mediática que permita rebajar las pulsaciones de la nación.

El verdadero éxito de este viaje apostólico no se medirá por el número de fieles en las calles o la brillantez de los actos litúrgicos, sino por su capacidad de sembrar una semilla de moderación en el debate público. Ojalá las palabras de León XIV actúen como un espejo donde la clase política y la sociedad civil puedan mirarse para reconocer la esterilidad del enfrentamiento constante. Que esta visita remanse los espíritus hostiles, apacigüe las mentes crispadas y nos recuerde a todos que el diálogo entre diferentes no es una muestra de debilidad, sino la mayor prueba de madurez de un pueblo. Es hora de recuperar el consenso y la concordia, esos viejos valores que hicieron grande nuestra convivencia y que nunca, bajo ninguna circunstancia, debimos permitirnos perder.

Quiero resaltar algunas de las frases que nos ha dejado el Papa Leon XIV en su primer discurso:

“Las ideologías prefabricadas son un peligro”. “No avivemos el fuego de la polarización”. “Abandonemos las narrativas divisivas y polarizantes de nuestra realidad social y de su historia. “Hoy la tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones parece crecer, en lugar de disminuir, la dignidad humana no deja de ser violada”. “La historia sugiere que no es la cultural del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad”.

Politólogo. – Sociólogo. – Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. – Centro de Estudios Ateneos. – Premio a las Libertades “Rafael del Riego”. Medalla Internacional DD. HH.

53 Aniversario Revolución de los Claveles Estuve Allí.

por Fco. José Alonso Rodríguez, 26 de Abril de 2026.

El 23 de abril de 1974 Portugal vivió una explosión de dignidad colectiva, que estos días se está echando en falta. El 25 de abril de 1974 fue un grito de libertad y de dignidad de todo un pueblo que estaba harto de vivir con miedo dentro de una dictadura que duraba ya 49 años. Todo el pueblo salió a la calle para conquistar derechos que le habían quitado, su libertad y su dignidad para vivir en otro Portugal diferente al que hasta entonces conocían.

En las calles – Revolucion de Los Claveles

53 años después las aspiraciones que obligaron a los Capitanes del Movimiento de las Fuerzas Armadas a salir a la calle para conseguir la democracia: la descolonización y el desarrollo de Portugal. Hoy lo que empuja a los portugueses a salir a la calle con protestas diarias y desde todos los sectores profesionales es el desempleo, el aumento de las grandes desigualdades, una pobreza creciente que ralla ya en la mendicidad, el carecimiento de la vivienda, causas muy similares a las que padecemos en España.

Tanquetas en las calles de Lisboa durante la Revolucion de Los Claveles


El pueblo portugués está sufriendo un retroceso social y económico muy peligroso que puede sentirse muy desprotegido como hace 53 años obligó a los Capitanes del 25 de abril a salir a la calle para acabar con esa situación. Hoy de nuevo se está instalando el miedo en la población ante la falta de trabajo, la perdida de empleo, por todo lo que se está dilapidando es el momento de alentar los valores del 25 de abril más que nunca y algunos de esos Capitanes (que viven) ya que las edades pasan de los 80 años, se sienten dispuestos a liderar como entonces un nuevo movimiento que sirva para revertir la situación actual y más que nunca recuperar el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) que idearon.

Capitan José Salgueiro Maya

Quiero este día recordar a mi amigo el Capitán Fernando José Salgueiro Maia. Una persona noble e íntegra como nadie, nunca aceptó ascender sin que fuera por escalafón, solo llegó al grado de Mayor ya que falleció muy joven con 47 años, siempre nos consideramos amigos mucho antes ya del 25 de abril de 1974, ese día estaba pasando unos días en su casa como invitado. Recuerdo que se hizo militar porque su abuelo le dijo que si quería ayudar a los portugueses que ingresara en el Ejército y así lo hizo.
No puedo olvidar la frase del Capitán Fernando Salgueiro Maia que ha quedado para la Historia, cuando la madrugada del 25 de abril de 1974 pronunció ante sus compañeros soldados de la Escuela de Prácticas de Caballería de Santarém: Señores míos, como todos saben, hay diversas modalidades de Estado. Los estados sociales, los corporativos y el estado al que hemos llegado. Así, en esta noche solemne, vamos para Lisboa y acabemos con esto. Quien sea voluntario, que salga y forme. Quien no quiera salir, que se quede aquí. Los 240 hombres formaron de inmediato. Después recorrieron los 100 kilómetros hasta Lisboa. Para acabar con la dictadura. El Capitan Salgueiro Maia nunca acepto ninguna prebenda murió de cáncer en 1992 con el grado de Mayor.


Hay que reconocer a Otelo Saraiva de Carvallo como ideólogo del Movimiento de las Fuerzas Armadas. El personalmente escogió Grandola Vila Morena como contraseña del inicio definitivo de la insurrección del 25 de abril de 1975. Tuve el privilegio de invitar tanto a Otelo como Salgueiro y otros miembros del movimiento de las (FMA) a visitar Madrid como conferenciantes para participar en debates y coloquios.
No hay duda que fueron días de felicidad popular para los portugueses y para todos los que añorábamos la Democracia pues en ese momento vivíamos en Dictadura en España. El Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, escribió por aquellos días que en Lisboa toda la gente habla y nadie duerme.

Soldados Portugueses en la Revolucion de los Claveles

Hay reuniones hasta altas horas de la noche, con luces encendidas hasta la madrugada. Si alguna cosa va a conseguir esta revolución es aumentar la factura de la Luz. La revolución sin duda consiguió mucho más que eso (derechos sociales), libertad, fortalecimiento del sector público que garantizaba un salario digno.
Espero y deseo que Portugal recupere el espíritu del 25 de abril de 1974, como el mejor homenaje a los Capitanes de las FMA que hoy ya no están entre nosotros, que acabaron con la dictadura de Antonio de Olibeira Salar en Portugal y recuperaron la Democracia para un Pueblo.

Fco. José Alonso Rodríguez: Politólogo – Sociólogo , Pte de La Liga Española Pro-Derechos Humanos – Centro de Estudios Ateneos – Centro de Estudios Manuel Azaña – Premio a Las Libertades Rafael del Riego.

14 de Abril 1931-2026

por Fco. José Alonso Rodríguez, 14 de Abril de 2026

El 14 de abril 2026 se han cumplido 95 años desde el 14 de abril 1931 se restauró la II República Española, después de unas Elecciones Municipales donde los partidos monárquicos perdieron en las grandes ciudades. La república vino de la mano de los intelectuales y académicos. Tuvo desde el primer momento una gran oposición de los partidos monárquicos, la iglesia y los movimientos anarquistas. algunos intelectuales dijeron «traemos la republica sin republicanos». No podemos imaginar que hubiera sido de España si hubiera podido desarrollarse sin impedimentos y sin el levantamiento militar que nos llevó a una guerra civil, que es la peor guerra que se puede tener.

El 14 de abril de 1931, España no solo cambió de régimen; cambió de siglo. Las elecciones municipales del 12 de abril, aunque técnicamente no eran un plebiscito sobre la forma de Estado, funcionaron como tal en el imaginario colectivo. El triunfo de las candidaturas republicano-socialistas en 41 de las 50 capitales de provincia fue un mensaje atronador: la monarquía de Alfonso XIII, vinculada al fracaso de la dictadura de Primo de Rivera, había perdido la legitimidad de las ciudades, el corazón palpitante del progreso.
La Segunda República ha sido bautizada a menudo como la «República de los Intelectuales». No es para menos. Figuras como Manuel Azaña, Ortega y Gasset, Gregorio Marañón o Ramón Pérez de Ayala no solo apoyaron el cambio, sino que fueron sus arquitectos morales. España soñaba con ser una democracia europea de primer nivel, y para ello, los académicos creían que la educación era el motor principal.
«La República se trae en los libros antes que en las bayonetas», se escuchaba en los ateneos de la época. Sin embargo, aquí reside una de las singularidades. El propio Ortega y Gasset, poco después de la proclamación, pronunció su famoso y decepcionado «¡No es esto, no es esto!» «traemos la república sin republicanos», refleja el temor de una élite ilustrada que veía cómo la estructura social de España —profundamente agraria, analfabeta y bajo el control de caciques— no estaba preparada para el ritmo vertiginoso de los cambios que ellos proponían desde sus despachos en Madrid.


Para entender qué perdimos, debemos entender qué se intentó. El primer bienio (1931-1933) fue un torbellino de reformas que buscaban sacar a España de un letargo de siglos:
La Reforma Educativa: Se crearon miles de escuelas y se lanzaron las Misiones Pedagógicas. Intelectuales y estudiantes llevaban libros, reproducciones de cuadros del Museo del Prado y teatro (como «La Barraca» de García Lorca) a los pueblos más remotos donde nunca habían visto un cinematógrafo.
La Reforma Agraria: El intento de acabar con el latifundismo que condenaba a millones de campesinos a la miseria en Andalucía y Extremadura. Fue, quizás, el proyecto más necesario y, a la vez, el que generó una oposición más feroz por parte de la oligarquía.
El Voto Femenino: Gracias a la tenacidad de Clara Campoamor, España reconoció el derecho al sufragio de las mujeres en 1931, adelantándose a países como Francia o Italia.
La Cuestión Religiosa: La Constitución de 1931 estableció un Estado laico, lo que supuso un choque frontal con la Iglesia Católica, que hasta entonces controlaba casi en exclusiva la educación y la moral pública.
El Movimiento Anarquista (CNT/FAI): Para los anarquistas, la República no era más que un «Estado burgués» con otro nombre. Su estrategia de «acción directa» y sus constantes insurrecciones socavaron la estabilidad de un gobierno que intentaba hacer cambios por la vía legal y parlamentaria.
El Estamento Militar: Una parte del ejército, de mentalidad africanista y conservadora, nunca aceptó la autoridad de los políticos civiles ni las reformas de Azaña que buscaban modernizar y reducir el excesivo número de oficiales
A 95 años de aquel abril, la Segunda República no debe verse solo como un fracaso que terminó en tragedia, sino como un intento valiente de modernización. Fue el momento en que España decidió que quería dejar de ser un país de siervos para ser un país de ciudadanos.

Politólogo. – Sociólogo. – Presidente Liga Española Pro-Derechos Humanos. – Centro de Estudios Ateneos. – Centro de Estudios Manuel Azaña. – Premio a las Libertades “Rafael del Riego”.

Juan Martín “El Empecinado”: Símbolo de la Independencia Española.

por Fco. José Alonso Rodríguez, 06 de Abril de 2026.

La historia de las naciones suele escribirse con los nombres de reyes, ministros y generales de alto linaje que, desde la seguridad de sus despachos, trazan mapas y firman tratados. Sin embargo, la verdadera libertad de un pueblo, esa que, si siente en las vísceras y se defiende con la vida, suele brotar de la tierra misma. En el caso de España, esa libertad tuvo un nombre propio que el tiempo y la desmemoria institucional han intentado, sin éxito, desdibujar: Juan Martín Díez “El Empecinado”.
hora que España realice un ejercicio de justicia histórico. No estamos ante un simple guerrillero o un aventurero de fortuna, sino ante el estratega que dinamitó los cimientos del ejército más poderoso del mundo en el siglo XIX y que, paradójicamente, recibió como pago el desprecio de la corona y el nudo de una soga.
“El Empecinado” nació en Castrillo de Duero en 1775, era un hombre de campo, un labrador que conocía los ciclos de la siembra y el rigor del clima castellano. Pero cuando las tropas de Napoleón cruzaron los Pirineos bajo la careta de aliados para convertirse en invasores, algo cambió en él. No fue una decisión política de salón lo que lo empujó a la lucha, sino un profundo sentido de la dignidad y el ultraje.
La violación de una muchacha de su pueblo por parte de un soldado francés fue el detonante. El Empecinado no esperó órdenes de una Junta Suprema que titubeaba en la distancia; tomó su cuchillo, su caballo y su conocimiento del terreno para iniciar una resistencia que cambiaría el curso de la Guerra de la Independencia. Su apodo, “Empecinado” término usado para los naturales de Castillo de Duero por los arroyos llenos de pecina de la zona, se convirtió pronto en sinónimo de una tenacidad que los mariscales franceses nunca pudieron doblegar.
El ingenio de “El Empecinado” residió en comprender que no se podría vencer a Napoleón en campo abierto siguiendo las reglas de la guerra convencional. Él perfeccionó, la guerra de guerrillas. Con un conocimiento absoluto de la geografía y las cuentas del Duero y el Tajo, convirtió cada desfiladero en una trampa y cada noche en una tortura para el invasor.
Desde la victoria en el puente de Auñón hasta la liberación de Guadalajara y su entrada triunfal en Madrid, “El Empecinado” demostró que un ejército de voluntarios, movidos por el patriotismo y liderados por un hombre con carisma y perspectiva, naturalizo a las divisiones de élite francesas. El mismo Napoleón admitió que lo que desangro su imperio, tenía a su cirujano más implacable en el “El Empecinado”.
Lo que diferencio al “El Empecinado” de otros insurgentes fue su capacidad de organización. No lideraba a bandas desordenadas; creo el Regimiento de Voluntarios de Madrid, una fuerza disciplinada que llegó a contar con miles de hombres y que operaba con una eficacia logística asombrosa para los recursos de la época.


La razón por la que hoy no preside cada plaza principal de las Ciudades y Pueblos de España “El Empecinado” con los honores que merece, reside en su integridad política. “El Empecinado” no lucho solo contra los franceses; luchó por la “Constitución de 1812”. Era un liberal convencido que creía que la sangre derramada por el pueblo debía comprar una España de ciudadanos, no de súbditos.
Al regreso de Fernando VII, que resultó ser una de las figuras más nefastas de nuestra historia. “El Empecinado” se mantuvo fiel a sus principios. Mientras otros se arrodillaban ante el absolutismo recuperado, él recordó al rey que el trono se había recuperado gracias al sacrificio de la gente humilde que quería leyes y libertad. Recordemos la frase que le dedica a Fernando VII cuando le ofreció un Título de Nobleza y 1.000.000 de reales, para que se pasara a su lado. Contestando a la oferta de Fernando VII “Si no querías respetar la Constitución no haberla jurado”.
Su lealtad a la Constitución fue su sentencia de muerte. Tras el fracaso del Trienio Liberal y la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis, fue perseguido, capturado y sometido a vejaciones públicas que avergonzarían a cualquier Nación con memoria. En Roa, el hombre que había hecho temblar a los generales de Napoleón fue exhibido en una jaula de hierro, escupido e insultado por aquellos mismos a quienes había liberado, espoleados por un clero y una monarquía de vengativos. Su ejecución en 1825 no fue un acto de justicia, sino un asesinato de Estado contra el símbolo de la libertad española.
España no ha elevado al “El Empecinado” al panteón de los héroes. La respuesta duele; porque su figura recuerda nuestras contradicciones. “El Empecinado” representa la España valiente y constitucional que fue aplastada por el servilismo y las prebendas.
Al “Empecinado” se le debe un reconocimiento nacional que vaya más allá de una estatua aislada o un nombre de calle en un barrio periférico. “El Empecinado” sin títulos nobiliarios ni formación académica militar, comprendió antes que nadie que la patria no es un rey, sino la voluntad de sus gentes de no ser esclavos de nadie, ni de un emperador extranjero ni de un tirano local.
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Juan Martín Díez “El Empecinado”, murió gritando libertad, intentando romper sus cadenas. Hoy su memoria es el silencio y el olvido. Un país que no honra a sus héroes más íntegros está condenado a repetir los errores de su pasado.
Es hora que los libros de texto, los actos oficiales y el imaginario colectivo devuelvan a Juan Martín Diez “El Empecinado” el lugar de honor que se ganó a sangre y fuero. No por nostalgia del pasado, sino para que las generaciones futuras sepan que, cuando todo parece perdido y el invasor pisa tierra, siempre habrá un «Empecinado” dispuesto a recordar que la dignidad de un pueblo es innegociable. “Justicia para Juan Martin; Honor para el Empecinado”.

El 23 de abril celebramos en Dia de la Comunidad de Castilla y León, en las eras de Villalar de los Comuneros, el primer Villalar lo celebramos el 25 de abril de 1976 (domingo), este año celebramos el 51 aniversario. (1976-2026)
Un grupo reducido acudimos a honrar y recordar la gesta de Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, hoy nos sentimos satisfechos que sirviera de semilla para que lleguemos al 51 aniversario.
Es de Justicia agradecer al primer Gobierno de la Comunidad Presidido por Demetrio Madrid, que aprobó que el 23 de abril fuera el día de la Comunicad. Pretendemos que este año sea a la memoria de nuestro Héroe Olvidado Juan Martín Díez “El Empecinado”, que siendo Gobernador Militar de Zamora, organizo una expedición en busca de los restos de Juan Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado.


Politólogo. -Sociólogo. – Premio a la Libertades «Rafael del Riego» -Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. – Centro de Estudios Ateneos. – Ateneo Cultural Villalar – Círculo Cultural Juan Martín El Empecinado Comunidad de Madrid.